Un minuto de silencio…



 

Un minuto de silencio fue el que comunicadores, a lo largo y ancho del territorio mexicano y más allá de las fronteras, pidieron para el periodista Héctor González Antonio, quien sin querer, porque le arrebataron la vida, dejó este mundo hostil y cada vez más lleno de maldad.

Ante la pérdida se pide un minuto de silencio en señal de duelo, tristemente en este México lindo y querido sobran las razones para que muchas familias estén de luto porque les han arrebatado hasta la fe.

Son tantas las pérdidas que se han tenido en este bello país que hasta a los viejos tiempos se quisiera volver.

Seguramente a cada momento se escucha gente pedir un minuto de silencio, no solo por un ser que de este mundo tuvo que partir, sino por todo lo que se ha perdido, por lo que voluntaria o involuntariamente se ha tenido que ir.

Hoy se pide un minuto de silencio hasta por el tiempo que hemos dejado morir inútilmente, sin darle vida a la vida.

Un minuto de silencio por las fuentes de empleo que están muriendo en diferentes estados de la República mexicana y con ellas también fenece la esperanza de muchas familias que ya no les alcanza para comer y vivir.

Y es que al fenecer fuentes de empleo muere la posibilidad de bienestar, tranquilidad y seguridad y así será difícil restaurar el tejido social.

También se pide un minuto de silencio por la tranquilidad que en muchos lugares muere y la poca que queda se oculta en un rincón por miedo a que le vean y termine despedazada en un viejo cajón.

Un minuto de silencio por la libertad que las nuevas generaciones han perdido porque no han tenido la oportunidad, ni las condiciones, de su juventud disfrutar.

En estos tiempos se ha perdido hasta la capacidad de asombro, en muchos casos ha muerto también la ilusión, el ánimo, la alegría y hasta la fe y eso ya no debe pasar.

Ojalá pronto los minutos de silencio en duelo de lo que se ha perdido se conviertan en aplausos porque las circunstancias cambiaron y los malos momentos atrás quedaron.

Urgen sonrisas que contagien, que sirvan de aliciente para que todos hagan sinergia por un bien común y se siga adelante.

Necesitamos un pueblo con alma, corazón y vida, que se sienta seguro, que cada quien se haga responsable de sus buenas o malas acciones y que los minutos de silencio solo sean para reflexionar, analizar las cosas que se tienen que hacer y por el bien de todos actuar.

El pueblo con el corazón estrujado está en el rincón, por ello se requiere que las autoridades se apliquen para que no se tema por nada en esta gran nación y cada ciudadano libremente elija su opción.

Cierto es que se viven tiempos difíciles, inciertos, donde no se sabe qué sucederá mañana, pero ya no se quieren horas aciagas, se espera que los minutos de silencio por un bien perdido disminuyan y en cada hogar, cada calle, cada ciudad se respire tranquilidad y prosperidad.