Tiempos de sorpresa
Por: Mario Vargas Suárez | 2018-07-04 03:14:50

Llamo Tiempos de Sorpresa a aquellos que los mexicanos vivimos en la elección del domingo pasado, cuando se erige triunfador de la contienda presidencial Manuel López Obrador y, según los reportes del PREP 2018, ayer martes que se dieron a conocer los resultados tanto del senado como de la diputación federal, se tiene la conclusión de que favorecen al mismo partido guinda.

Esto último sigue siendo sorprendente, porque entonces se puede leer claramente que las cosas para el Ejecutivo Federal, Manuel López Obrador (2018-2024), se le facilitan al tener un ‘control político’ en el Congreso de la Unión del país, por lo menos en el primer trienio.

En estos Tiempos de Sorpresa, comparto con los lectores de este espacio, un escrito de Héctor Morán Olmedo, profesor investigador de la UPN del campus de Santiago de Querétaro, sobre la cotidianidad, sobre una historia de vida como la que se repite en nuestro país, quizá continuamente.

Anticipo que Morán Olmedo viene de una rama familiar de asiduos lectores y escritores, que sin ser consumados por la fama mediática o la alta posición social, sí han dado muestras de ser hombres y mujeres de letras.

Dice Héctor Morán:

“Ver a un niño encerrado en una jaula me hizo pensar…Suelo ser muy crítico con la sociedad mexicana porque conozco nuestro potencial. No me gusta mucho contar mi historia porque puede entenderse como un ejercicio de vanagloria. Por eso me parece importante recordar dos cosas: reconozco que mi ser y hacer tiene una profunda deuda social y es una historia de trabajo, producto del esfuerzo de varias generaciones.

Mis padres fueron obreros, no estudiaron más allá de la primaria. Mi madre estudió una carrera técnica en costura que nunca ejerció. Lavó baños y limpió oficinas para mantenerme. Mi padre tuvo un accidente que lo incapacitó cuando todavía era joven. Para mantener a sus hijos puso un taller de maquila de cajas que le permitió generar ingresos que no supo administrar de la mejor manera.

Así que estudié en escuelas públicas toda mi vida, pagadas con los impuestos solidarios de obreros, empleados, campesinos y demás personas que viajan a diario en el metro y en autobuses retacados para llegar a tiempo al trabajo.

Esos estudios me permitieron ingresar a una de las mejores cien universidades del mundo: la UNAM. Ahí estudié ingeniería en computación. Fui Consejero Técnico Alumno de la Facultad de Ingeniería.

Mi formación me permitió ser, en su momento, gerente de sistemas de una empresa trasnacional aunque mi cultura la obtuve con libros comprados en tiendas de la CONASUPO por cinco pesos. Así leí a los clásicos. También pude escuchar a Prokofiev, Mozart, Bach, Beethoven, entre otros gracias a colecciones de música clásica que vendían por el mismo precio.

El inglés lo aprendí en la secundaria de gobierno. Gracias al maestro Daniel Castañeda puedo leer documentos académicos en inglés, como la Harvard Educational Review, he comprendido algunas conferencias a las que he asistido. Sigo cursos en la plataforma HarvardX. Cuando he viajado me puedo hacer entender y comprendo lo que dicen algunas canciones.

Gracias a los museos gratuitos he podido ver las obras de Frida Kahlo, Rufino Tamayo y en mi escuela preparatoria están los murales de José Clemente Orozco y Diego Rivera que vi a diario.

Gracias a los sistemas de educación pública pude continuar mi formación y estudié otra licenciatura en la Universidad Pedagógica Nacional y un posgrado en la Universidad Autónoma de Querétaro con docentes reconocidos en todo el mundo, pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores y con publicaciones en varias lenguas. Mi coordinadora de tesis ha publicado en la Harvard Educational Review.

El importe que he tenido que pagar por mis estudios ha sido simbólico. Cuando estudiaba había que levantarse a las cinco de la mañana. Ir a la biblioteca me llenó de experiencias maravillosas, como en la Biblioteca Nacional y la Biblioteca de México.

En el posgrado las clases terminaban a las diez de la noche los viernes y entre semana tenía que asistir a clases después de trabajar.

Puedo afirmar lo que algunos dicen de otros países: aquí nadie te detiene, puedes lograr lo que te propongas. El asunto se ha tratado siempre de trabajar, estudiar y comprometerse. Nadie ha detenido u obstaculizado mi desarrollo personal ni profesional, sólo mis errores y algunas malas decisiones, mías, personales, ocasiones para el aprendizaje.”

Hasta aquí lo que bien pudiera titularse como Testimonio de un Mexicano de Héctor Morán Olmedo, un Ingeniero en Sistemas Computacionales, enamorado en la formación de docentes mexicanos.