Temporada de Graduaciones



 

Entre tantos retos y desafíos que vivimos como sociedad, donde como grupo humano nos vemos convulsionados por múltiples temas, por mencionar solamente algunos: la inseguridad que se ha vuelto una constante, la violencia en todas sus modalidades, la delincuencia y el crimen,  bueno hasta las elecciones como las disputas por  incrementos a los aranceles. En contraste, por otro lado se vive en esta temporada una oleada de nuevas generaciones que egresan de distintas escuelas y universidades, así es estimado lector me refiero a la temporada de graduaciones. 

Cada año al cierre del ciclo escolar de verano, miles de alumnos entre estudiantes universitarios, como estudiantes de bachillerato, y por supuesto los de nivel primaria, secundaria e incluido preescolar, se gradúan. Con ello invariablemente la ilusión de una nueva etapa en sus vidas.

Entre las emotivas ceremonias, discursos oficiales, los padrinos, los ramos, certificados, mensajes de despedida y deseos de parabién a quienes transitan en su educación y formación de una etapa a otra, sin duda los padres de familia y los maestros juegan un papel trascendental en dicho logro. 

Quise abordar este tema, en virtud de la reflexión de una escribidora en cuanto al nuevo compromiso que los egresados deben adoptar no solamente en lo individual sino aún mejor en términos del pensamiento colectivo. Es decir no únicamente representan la esperanza para su familia, también para la sociedad a la que pertenecen e inevitablemente México esperamos mucho de ellos.  

Las juventudes de hoy, son la esperanza de una sociedad que clama por cambios de mentalidad, con grandes dosis de valores e impregnados de humanismo, de sensibilidad social y de amor por el prójimo, eso tal parece es producto caro en los tiempos que nos ha tocado vivir. 

 

En verdad es maravilloso que año tras año, nuestro país genere gente preparada, que tras años de estudio y dedicación puedan llegar al momento cúspide de la graduación, y con ello el orgullo de sus padres, la felicidad del estudiantado, tanto como el deber cumplido de los profesores.   

Sin embargo, más allá de la euforia de un evento, en la que se disparan las emociones, al punto de las lágrimas y los abrazos, existe también una realidad que no muchos querrán abrazar y mirar de frente, como lo es el compromiso con la sociedad de su tiempo, plagada de dificultades, urgente de soluciones y ausente de agentes de cambio. 

Si estimados lectores, la temporada de graduaciones, se convierte en una gran fiesta y no es para menos, es el cierre exitoso de un esfuerzo diario y bastantes sacrificios no solo de los estudiantes, también de quienes se involucran en el proceso formativo y de preparación académica de sus pupilos. 

Ahora bien, a juicio de quien escribe, eso resulta insuficiente, cuando el alumno o la alumna enfrenta su propia realidad, es decir cuando no le es posible matricularse en el siguiente nivel de estudios por falta de recursos, o quien habiendo egresado de una carrera no encuentra un empleo profesional,  qué decir de quienes salen, sin asumir una nueva actitud de valor y disciplina. 

Entonces la graduación, como cosa celebrativa no lo es todo, es un evento que nos recuerda: “Todo lo que empieza, debe terminar”.  Así como lo que viene no es precisamente para reírse, sino para meditar y pensar en la diferencia a que están llamados a hacer los graduados. 

Por ende, la temporada de graduaciones, nos envía un mensaje a la ciudadanía, de los nuevos valores,  donde contaremos con más gente preparada; en suma una nueva esperanza para reconstruir la sociedad a la que todos nos debemos, y a la que por cierto se le ha roto gravemente su tejido.  

Que el juramento de servir a la sociedad y la patria, no quede en parte de una retórica agotada, sino que la motivación e impulso de que provee un momento de graduación sea la fuerza y el valor para transformar permanentemente nuestra sociedad que clama no por temporadas de graduación, sino por nuevas generaciones comprometidas con su sociedad y con su tiempo.  

Por ello, a continuación comparto el siguiente fragmento del pensamiento de una escribidora: 

“Los jóvenes están llamados para grandes cosas, está en su decisión realizarlo, pero de atreverse deberá ser con suficiente preparación, digno de un papel excepcional.” 

La presente colaboración dedicada a mis ex alumnos universitarios, y ahora también a mis adolescentes estudiantes que este jueves 20 de Junio, estarán egresando con júbilo, a todos deseo el mayor de los éxitos y recuerden, a donde quiera que vayan, por favor:  ¡Pórtense bien! 

La Autora es Escritora y Activista, Fundadora de Vive Mejor Ciudadano A.C.  Impulsora de Sala de Lectura Infantil y Juvenil.   Miembro de Comité Plural Noreste de México.