Rezago fronterizo



 

La frontera norte del país es una zona de contrastes. Aunque se asocia con desarrollo, empleo, oportunidades y progreso, también es sinónimo de rezagos sociales.

Por ejemplo, hay un marcado déficit de vivienda, de servicios básicos, malos servicios públicos, falta de escuelas o marcado deterioro.

Además de la violencia e inseguridad derivada de la actividad económica paralela que genera la ilegalidad, contrabando, tráfico de personas, mercancías ilícitas, armas, parte, vehículos entre muchos otros.

Otro ingrediente la diferencia entre la vida del lado mexicano y la vida del lado norteamericano. El choque cultural de las dos naciones y el multiculturalismo en el lado mexicano.

Las ciudades fronterizas aunque tienen sus características propias, se convierten en “grupos regionalistas” que se nutren de individuos o familias de orígenes comunes que forman comunidades dentro de la gran ciudad.

El ejemplo más claro son los veracruzanos o jarochos en Reynosa, asentados en grupos de colonias conocidas como las Jarachinas.

Conservan sus gustos culinarios, costumbres, tradiciones, vestimenta y hasta forma de hablar y socializar. Interactúan menos con los grupos locales.

Esa serie de contrastes, hacen de las ciudades fronterizas del norte de México, comunidades complicadas, de ahí que requieran no solo políticas públicas especiales, sino acciones que permitan la identidad fronteriza e integración.

Esta realidad multicultural y todas sus manifestaciones deben ser consideradas en la propuesta de una Zona Franca que plantea el nuevo gobierno federal para el próximo año.

Se ampliará la frontera a 30 kilómetros al sur de la línea divisoria, en donde el IVA será del 8% el Impuesto Sobre la Renta el 20%, las gasolinas costarán lo mismo que en Estados Unidos.

La idea es ampliar y fortalecer a la zona fronteriza mexicana desde Tijuana Baja California a Matamoros, Tamaulipas, para forjar un cinturón de desarrollo y progreso más homogéneo que frene las migraciones al vecino país del norte.

Para ir tejiendo esa fortaleza, el día de ayer el presidente electo Andrés Manuel López Obrador se reunió con los gobernadores fronterizos Francisco García Cabeza de vaca de Tamaulipas, Jaime Rodríguez de Nuevo León, Miguel Riquelme de Coahuila, Javier Corral, de Chihuahua, Claudia Pavlovich  de Sonora y Kiko Vega de Baja California.   

Entre otras cosas se planteó ampliar de 5 a 10 ciudades fronterizas los programas especiales de combate a la pobreza, desigualdad y marginación, así como atender el tema de inseguridad y violencia.

Con la presencia de los futuros Secretarios de Economía  y Desarrollo urbano y Territorial, Graciela Márquez y Román Meyer, se analizaron temas fiscales  y de apoyos especiales,  disipándose dudas.

Para el caso de Tamaulipas, serán 3 ciudades Nuevo Laredo, Reynosa y Matamoros, las que dispondrán de recursos adicionales ( se estiman 600 millones para cada una) a fin de atender asuntos de marginación y violencia.

Por su amplia frontera, 371 kilómetros de Nuevo Laredo a Matamoros, diez municipios fronterizos en los que vive el 52 % de la población estatal, nuestro estado podría ser uno de los más favorecidos en el mediano plazo.

Y es que de entrada, al bajar los ingresos del IVA e ISR a la mitad, también se reflejará en menos presupuesto para los Ayuntamientos en la primera fase, de ahí que los gobernadores buscaran apoyos compensatorios.

Nafa fácil el tema, pero en base al diálogo se están tomando en cuenta a los gobernadores y alcaldes para que participen, hagan propuestas y contribuyan a construir este nuevo modelo fronterizo, que se espera sea para bien y no para construir una mayor zona de caos.