Realidades 35



 

Hablar de profesionistas en el mundo es referirnos a un amplio abanico de actividades laborales de los egresados de una institución de educación superior como las universidades, los tecnológicos y las escuelas normales.

Si un instrumento de medición científica, como en el caso de la encuesta, preguntara sobre la profesión más noble, sería muy difícil determinar aquella que pudiera tener esta categoría.

Mi madre fue enfermera de hospitalización y asistente médica en consulta externa y siempre que nos platicaba anécdotas laborales lo hacía con mucha pasión, respeto y gran profesionalismo, señalando en relieve la lucha por la salud del paciente.

La docencia en preescolar, el ser maestro de la escuela primaria, de la secundaria, en bachillerato o en la educación superior, me parece es el ejercicio profesional más delicado, sin menospreciar a ningún otro profesionista.

La docencia es el ejercicio profesional ultra delicado cuando los estudiantes, en términos generales, confían a ciegas en su maestra o maestro, y no me refiero a las cuestiones académicas, sino en muchos de los casos a los problemas de familia, a los conflictos personales, a los sueños, a los ilusiones, a los anhelos y también claro, a los enojos, a las desilusiones, a las frustraciones.

La mayor parte de las veces son los maestros receptores de inquietudes y en ellos se quedan secretos de alumnos que, ni ellos mismos saben, pero que el profesionalismo del maestro permite descubrir la inocencia de la confidencia.

En la capital de Tamaulipas, desde el año porfiriano de 1888, se estableció el Instituto Científico y Literario de Cd. Victoria y, un año más tarde, inició la formación de maestros en educación básica.

Durante décadas, la institución fundada por Don Luis Puebla y Cuadra, se impartió educación secundaria, bachillerato y la Normal, por lo que los egresados de la preparatoria o se iban fuera de Tamaulipas o se quedaban para ser maestros.

No hay rincón de este México nuestro que no haya recibido en estos 130 años, a decenas de egresados de la Benemérita Escuela Normal Federalizada de Tamaulipas, (BENFT) y sería una aventura solo intentar calcular la matrícula de egreso solo de la Escuela Normal.

Cientos de nuevos maestros anualmente egresaron de las aulas de la BENFT, con la idea de trabajar en donde sus servicios docentes hicieran falta, inclusive si ello significó abandonar la comodidad citadina que sus padres les ofrecían, con tal de poder contribuir a la formación de los ciudadanos de hoy.

Ser profesor, dice una investigadora de la educación, es un trabajo como el cualquier otro, solo que la materia prima, en la educación, es trabajar con seres humanos, (niños, adolescentes, jóvenes o adultos), pero todos dirigiendo la mirada a quién está enfrente, enfrentando el reto de educar.

Reunir a los egresados de una generación no es fácil. Sin embargo quienes se echan a cuestas esa responsabilidad, merecen calificativos que enaltecen el compañerismo, el cariño por la Escuela Normal que los unió en amigos, en novios, esposos, amantes ocasionales, pero no en enemigos.

Ser egresado de la BENFT, haber pasado tres o cuatro años -según el Plan de Estudios- en ese edificio de cuatro niveles en la Loma del Santuario, de Cd. Victoria, es haber vivido la primera juventud. Es haber recibido las primeras enseñanzas de cómo enseñar, preparar clase, elaborar materia didáctico para que los niños aprendieran mejor y más rápido.

Me parece justo agradecer a esos jóvenes de entonces, a estos maestros de la generación 1980-1984, su entrega al trabajo magisterial, a la educación de niños y niñas cuyos rostros se han quedado en su mente, como los propios se quedaron impresos en la mente de los profesores que les formaron.

La foto de generación en el viejo edificio de la Loma, imprime rostros maduros con la juventud en flor al revivir tiempos pasados, con risas, lágrimas, esperanzas, anhelos que poco a poco se han convertido en logros, en satisfacciones.

La misa de acción de gracias de Generación 1980-84 celebrada en la Capilla de las Madres del Refugio fue un sello religioso impregnado en verdades, en una buena lista de aciertos y errores que se han reflejado la buena intención del maestro: Ustedes.

Finalmente el convidar el pan y la sal, en ese espacio social que procuraron, donde se reencontraron con sus compañeros de grupo y sentados como aquella lejana noche de su graduación, con la música bailable que hacía vibrar el alma.

Mencionar a todos a quienes tuve el privilegio de saludar, es imposible. Citar el nombre de uno o dos, sería injusto.

Un abrazo a cada egresado de la Benemérita, pero privativo a la generación 1980-1984 que me hizo sentir como ellos, especial.