¿Qué más cedieron?



 

          Cuando estaban en plena celebración de haber evitado la aplicación de aranceles progresivos del 5% a las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos a partir de hoy, el presidente Donald Trump dio a conocer a través de un mensaje twitter que México comprará “grandes cantidades de productos agrícolas de la unión americana”, cuya revelación de inmediato ensombreció el aparente triunfo de la negociación encabezada por el canciller Marcelo Ebrard Casaubón.

          No hay duda de que frenar la imposición de aranceles evitó el debacle de la economía mexicana, pero ensalzar que “la dignidad de México quedó intacta”, como lo hizo Ebrard Casaubón el pasado sábado en Tijuana, resulta sumamente denigrante porque da la impresión de que la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador pretende seguir engañando a la sociedad mexicana.

          Nadie discute que fue la negociación más difícil que ha enfrentado hasta el momento Ebrard Casaubón como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), pero en realidad desde un principio se sabía que la delegación mexicana en Washington iba a ceder a las demandas del presidente Trump.

          Desde febrero surgieron las primeras señales de que el magnate neoyorquino endurecería su posición en contra de la política de puertas abiertas del presidente López Obrador que generó la entrada de miles y miles de inmigrantes de Centroamérica y de otros países con rumbo a los Estados Unidos, pero la SRE en lugar de proceder en consecuencia estaba muy ocupada en reducir los gastos en los consulados de México en la unión americana impuesta por la llamada “austeridad republicana”.

          Incluso, la administración del presidente Trump había procedido en forma unilateral, como siempre lo ha hecho, a enviar a cientos de indocumentados a México hasta que un juez le ordenó que aplicara la ley de migración de Estados Unidos, pero ni siquiera así la administración de López Obrador actúo para evitar poner en peligro la relación comercial con nuestro vecino de norte.

          Y ahora viene lo bueno porque México deberá de cumplir cada uno de los compromisos asumidos en Washington, es decir actuar como “Tercer País Seguro” que el canciller Ebrard Casaubón había rechazado antes de iniciar las negociaciones, además de enviar a la Guardia Nacional para reforzar la vigilancia en la frontera con Guatemala y tratar de evitar la entrada ilegal de inmigrantes procedentes de Centroamérica y de otros países.

          Como se recordará, el canciller mexicano aseveró el pasado lunes 3 de junio en Washington que la administración de López Obrador no estaba dispuesta a que México se convirtiera en un “Tercer País Seguro” por el alto costo que representa, sin embargo está situación le interesó desde un principio al presidente Trump y se cumplió al pie de la letra para evitar la entrada en vigor de los aranceles a las exportaciones mexicanas hacia los Estados Unidos.

          El concepto de “Tercer País Seguro” surge a raíz de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados que se firmó en Ginebra, Suiza, en 1951, y consiste en que cuando una persona abandona su país para solicitar asilo en otro, este segundo país puede negarse a recibirlo y remitirlo a un tercero que considera que puede darle las mismas atenciones.

          El principal objetivo del acuerdo sobre refugiados es garantizar que los solicitantes de asilo no sean retornados a su país de origen, además de brindarles el derecho a vivienda, seguridad social, servicios médicos, empleo y educación, entre otras ayudas humanitarias.

          De hecho el presidente López Obrador dijo en Tijuana que los inmigrantes que sean devueltos por Estados Unidos a México se les va a proporcionar todo lo necesario durante el periodo que dure su solicitud de asilo en la unión americana, cuyo trámite puede durar meses y hasta años.

          Y aquí surge la pregunta: ¿México podrá afrontar la carga financiera de ser “Tercer País Seguro?, cuándo ni siquiera los estados fronterizos, como es el caso de Tamaulipas, han recibido de la federación el suficiente apoyo económico para la instalación de albergues de inmigrantes.

          El peligro que se corre es, como dice el viejo refrán: México se podría convertir en “candil de la calle y oscuridad de su casa”, ya que la administración de López Obrador ni siquiera ha logrado la creación de empleos bien pagados para las y los mexicanos que resienten la llegada de miles y miles de inmigrantes a los estados que colindan con los Estados Unidos.

          De ahí, la importancia de conocer que más concedieron las autoridades mexicanas durante las negociaciones en Washington, luego de que el presidente Trump diera a conocer que México compraría “grandes cantidades de productos agrícolas de la unión americana”, sobre todo si se sigue escatimando el apoyo a los campesinos mexicanos con el cuento de combatir la corrupción en el sector agropecuario del país.

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