Preguntar por quién votar, opción válida



Este 21 de junio fue para los candidatos a los cargos de elección popular como una bendición en cuanto a tiempo, ya que, por ser el día más largo del año, debió de alcanzarles para hacer más actos proselitistas y avanzar en su meta de posicionamiento.

De acuerdo a los expertos, el día se alarga más en el Hemisferio Norte debido a la inclinación que la tierra tiene sobre su eje y solo si fuera vertical, esto no ocurriría. 

Desde luego, hay una y mil explicaciones de carácter científico, por ello, solo diremos que es el día más largo del año y que, debió de servir mucho a los políticos, si es que se percataron de ello.

Para las personas normales, parecía un día más, sin embargo, conforme se generó la información respecto a que este 21 de junio fue un día grande, porque al ser un día de solsticio de verano, la altitud del sol al medio día es la máxima.

Respecto a las campañas, llama la atención el hecho de que infinidad de ciudadanos se encuentren confundidos respecto a las ofertas de los partidos políticos y los candidatos independientes, por desgracia, ya no serán las campañas las que clarifiquen sus ideas, por tanto, la alternativa es pedir opiniones a amigos, familiares, compañeros de trabajo o profesionistas.

Puede hacerse en este momento o esperar que los días de proselitismo se terminen, para que, sin la presión de la publicidad, los discursos y las visitas a todos los sectores de las ciudades, las personas puedan hablar de política para definir su voto.

Nosotros tenemos una idea bien clara de la forma en que los ciudadanos deciden su voto y es en tres momentos las dos en positivo y uno negativo.

Cuando llegan a la casilla y solicitan sus boletas para votar, en respuesta a compromisos con el partido y los candidatos y cuando tuvieron que vender el sufragio a algún partido o candidato, ya sea por presión o por necesidad.

Cada momento tiene su razón de ser, sin embargo, el primero es el sublime, porque sucede en un espacio corto y en una situación de concentración absoluta, por tratarse del tiempo de desplazamiento de la mesa de la documentación que hay en la casilla a la mampara donde habrá de entrar la persona y cruzar la boleta con su decisión ciudadana.

Incluso, después de votar las personas salen de la casilla en silencio, con una gran serenidad ante el deber cumplido como ciudadano y sin disposición de comentar con nadie cuál fue la opción que le llenó al momento de tomar la crayola y sufragar.

Cierto es que, están muy de moda las encuestas de salida que llevan a cabo empresas que tienen el visto bueno de las autoridades electorales, con la idea de generar información sobre los posibles resultados de la elección y a lo mejor cuando los encuestadores inquieren al ciudadano, todavía se niega a compartir su decisión, es por ello que, nos ha tocado ver cómo las personas se pasan de largo y los trabajadores de las empresas deben de buscar a otras personas para cumplir con su cometido.

El voto por compromiso con partidos y candidatos es el llamado voto duro que, para desgracia de quienes andan en campaña, cada vez es menor, incluso, está superado por el voto comprado por presión o por necesidad, en virtud de que, este último se ha convertido en la alternativa de muchos candidatos para ganar la elección, pero, con el cual, se relega la ideología, la verdadera lucha partidista, la legitimidad y la democracia.

El exdiputado del Partido del Trabajo y representante ante el organismo estatal electoral, Arcenio Ortega Lozano, dijo que debe cuidarse, pero, no dice quién, aunque presumimos que deben ser las autoridades electorales, la compra de votos.

El asunto es que este fenómeno se da en varias direcciones, incluso en la que anda el PT, es decir, con la izquierda lopezobradorista, ya que, con el respaldo raro que tiene el Partido Regeneración Nacional, este tipo de eventos se suceden y como se habla de que existen desde el PRI y desde el PAN, de ahí nuestra observación de que, es otro momento en la definición del voto.

Por cierto, este último es muy fácil de identificar cuando se está adentro de la casilla, ya como funcionario o como representante de partidos o candidatos, porque quienes vendieron su voto llegan a la mesa a presentar su credencial, recibir sus boletas y desplazarse a la mampara para sufragar, como tratando de que nadie los vea, no miran a los ojos a las personas y buscan la forma de salir lo más rápido posible del sitio.

Queda claro que viven un momento de lo más incómodo, cuando votar debe ser al revés, un ejercicio de libertad absoluta, de grandeza ciudadana, de máxima expresión personal al cumplir con la patria y nos hace salir de la casilla con alegría y ganas de hablar con la gente que está por el lugar.

Si es de los muchos que todavía no decide por quién votar en las elecciones federales y concurrentes locales del primero de julio, le insistimos que se abra a sus familiares, amigos, colaboradores, compañeros, compadres o a quien más confianza le tenga, para que surja un diálogo de mucha profundidad respecto a pensar de manera colectiva sobre las mejores opciones tanto de candidatos como de partidos.

Ese alto porcentaje de gente que jamás ha respondido a las encuestas sobre preferencias electorales y que circunda el 30 por ciento, puede y debe de platicar para decidir por aquello que sea mejor para México, la entidad federativa y el municipio en el que se vive, ya que, una vez ejercido el voto, no hay vuelta atrás y equivocarse es igual a condenar a la patria grande, la mediana y la chica que dejarlas en manos de políticos que las dañarán.

Se cuentan infinidad de experiencias y quienes la viven están de acuerdo en que la definición del voto también puede darse por la consulta de los electores con las personas en las que tenga confianza, porque, preguntar por quién votar, es también una opción válida.