Nuevas tendencias laborales



 

Una de las tendencias que se está imponiendo en el mundo laboral  del futuro es lo que conocemos como  “trabajo inteligente” que es la parte contraria del “trabajo duro”. 

El trabajo inteligente supone incorporar en la administración de las organizaciones y de las personas las dimensiones positivas que la revolución tecnológica ha implicado: movilidad, comunicación permanente, conectividad, teletrabajo, acceso global, gestión flexible de nuestro propio tiempo, aprovechamiento de la inteligencia social, y gestión de ideas y servicios;  más que de recursos en una economía digital.

La gestión inteligente del trabajo está orientada también a producir mayores rendimientos productivos, tanto sociales como en el medio ambiente. La muy reconocida empresa IBM que es pionera en estos procesos, desarrolló el “Smart SOA” una arquitectura orientada a servicios que impulsa la integración del negocio interconectando los servicios y aplicando a las operaciones un enfoque integral y centrado en el sector que aporta valor en todas las etapas de la cadena productiva. 

Hay tres impulsores de este nuevo modelo de trabajo; primero la tecnología digital, que provoca un cambio de paradigma en la economía, el entorno laboral y las organizaciones, que ahora se reestructuran para definir de una manera más eficiente el ciclo de generación de productos y servicios y su valor en el mercado.

La tecnología incrementa la competitividad –que mejora recursos y procesos– pero también requiere del aprendizaje de habilidades distintas y complejas, como eliminar el exceso de información o cuidar la presencia virtual.

El trabajo inteligente también se apoya en la economía del conocimiento, estableciendo nuevas relaciones laborales, mayor flexibilidad e interconexión en redes de las organizaciones y de las personas dentro de ellas, y creación de entornos colaborativos que sirvan para gestionar talento y conocimiento, aprovechando al máximo la inteligencia social.

Por último el trabajo inteligente supone cambios en los modelos de gestión y en relación a los trabajadores, un cambio que sustituye el modelo de presencia por otro basado en resultados.  Lo que viene para las empresas que se están actualizando no es medir la producción de sus empleados por las horas que están sentados en sus sillas, si no por el cumplimiento de objetivos claros y medibles.

Este cambio exige desarrollar una capacidad de autodirección una gestión eficiente del tiempo y la elección adecuada de tecnologías de información y comunicación que mejoren el valor agregado del trabajo. Además impone una nueva organización en base a nuevas herramientas de reporte de teletrabajo, la sincronización de agendas, el trabajo en grupo o la gestión documental compartida. 

Sin embargo “el trabajo inteligente” no se consideraba fundamental para las empresas reclutadoras de empleo todavía en el año pasado; aún  estamos en la antesala de una gran transformación que nos llevará desde el modelo de trabajo tradicional al nuevo trabajo digital, desde la presencia física hasta la presencia creativa.

El cambio social que supone esta nueva cultura organizacional implica revisar no sólo los métodos de trabajo, sino los métodos de enseñanza y aprendizaje. La velocidad del cambio reclama para el trabajo un dinamismo permanente que, potencializado por la tecnología permita capturar las oportunidades.

Aquellas empresas y aquellos empleados que no se entrenen en las nuevas modalidades del trabajo padecerán sistemáticamente una especie de mareo y letargo, y no habrá Director de Recurso Humano o Psiquiatra que pueda detener la inviabilidad o la depresión en cualquiera de los casos.