Lengua de Señas Mexicana



Esta semana será de fiesta para la comunidad de personas sordas y por supuesto de sus familiares, amigos y maestros.

La razón es que finalmente después de varios años de demandas, reuniones y  acuerdos, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró al 23 de septiembre como Día Internacional de las Lenguas de Señas, dando cumplimiento al acuerdo tomado desde el pasado de noviembre de 2017 a partir de una iniciativa del país antillano  Antigua y Barbuda, que a su vez recogió y abanderó la persistente demanda de la Federación Mundial de Sordos (DMA) que desde 1951, venía proponiendo.

Pero ¿qué importancia tiene consagrar uno de ellos al Lenguaje de Señas? Muchas son las razones para considerar muy necesaria, justa y  trascendente esta resolución de la ONU. Primero, que siendo tan vital para los humanos  la comunicación, sobretodo en la sociedad de este nuevo siglo (sociedad de la información, de la comunicación y del conocimiento), el Lenguaje de Señas se constituye como el instrumento fundamental de inclusión, que derribe de manera efectiva las barreras de comunicación  entre personas sordas y no sordas.

Segundo, que precisamente con los días internacionales, que se puede movilizar la acción mundial para promover la responsabilidad de los gobiernos y la conciencia de la población, en un tema específico. A partir de esto, se abren caminos formales para fortalecer o crear los instrumentos políticos, jurídicos y financieros que logren atender y dar solución a los problemas prioritarios de poblaciones vulnerables, en este caso de personas sordas.

El artículo 21 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, señala que los Estados partes deben  reconocer y promover la utilización de lenguas de señas, para cumplir con el objetivo universal de inclusión y garantizar a las personas sordas las libertades de expresión y de opinión y de acceso a la información.

México como la mayoría de países en el mundo, firmaron ese tratado internacional (desde el año 2008) comprometiéndose a darle cumplimiento cabal y someterse a un seguimiento formal por parte de la ONU. De manera que el Lengua de Señas Mexicana (LSM), tiene ahora un recurso de gran fuerza política, legal y moral para beneficiar a los mexicanos en esa condición de vulnerabilidad. 

En México (INEGI, 2010) hay 7.2 millones (6%) de personas con discapacidad, de las cuales el  33.5% (2.4 millones) tienen discapacidad auditiva. Sin embargo este censo no está actualizado, existe un evidente subregistro, por la forma en que se identifica o se autodeclara lo que es una persona sorda. Por otra parte el registro de personas que usan el lenguaje de señas adolece de las mismas deficiencias, pues los datos conocidos son muy menores en relación a las cifras registradas y/o estimadas de personas sordas. 

Pese al sub-registro, esta comunidad no es ninguna minoría en nuestro país, ni en Tamaulipas. Por ello es tan necesario conocer, medir y atender sus necesidades, empezando por la de proteger y apoyar la enseñanza y el uso de la LSM que le permita comunicarse con el resto de la sociedad. 

En esta tarea del estado mexicano, desde el año 2003, la LSM fue declarado oficialmente una "lengua nacional". Posteriormente en el año 2011, la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad (LGIPD),  ratificó ese reconocimiento de la LSM, disponiendo que se  impulsen programas de investigación, preservación y desarrollo de esa lengua, que se garantice a población sorda el acceso a una educación pública, obligatoria y bilingüe, que la enseñanza comprenda al LSM, que se diseñen e implementen programas de formación y certificación de intérpretes, que en toda comunicación escrita se incluya el uso del LSM. 

En septiembre de 2016, Tamaulipas publicó su Ley de los Derechos de las Personas con Discapacidad, en la cual adoptó las mismas disposiciones que la federal, pero desde una perspectiva de derechos humanos y agregando la de contar en los establecimientos de salud con una unidad especializada en Lengua de Señas Mexicana que auxilie a las personas en sus consultas o tratamientos; 

Ser sordo no es estar enfermo,  ni ser menos inteligente, capaz y apto que otra persona no sorda. La diferencia es simplemente la barrera de comunicación que la sociedad impone cuando no enseña y adopta universalmente el uso del Lenguaje de Señas Mexicano. Sin ella, los sordos se convierten virtualmente en excluidos y extranjeros en su propio país.

Muchos años se impuso la idea de que las señas limitan la expresión oral y disminuyen la habilidad cognitiva de los niños sordos. Por ello el sistema educativo, los especialistas en discapacidad  y los mismos padres se resistieron en el pasado a enseñar y aprender el LSM.

Ante ello José Juan Sáenz Sauceda, licenciado en educación en tecnología de la educación, especialista capacitador en LSM para niños y fundador del proyecto social educativo “A señas nos entendemos mejor”, afirma que el lenguaje de señas es un lenguaje natural, poseedor de una gramática rica como cualquier otro. Y que la lengua de señas permite el desarrollo óptimo de canales comunicativos alternos y mejora la expresión escrita y oral en el caso de que se enseñen desde los primeros años de vida. 

El Lic. Sáenz es una persona sorda, su experiencia y sus logros personales, profesionales y como un líder destacado de la comunidad de personas sordas en Tamaulipas, demuestran que derribar la barrera de la comunicación mediante la enseñanza, el aprendizaje y el uso de la LSM, hace la diferencia para una persona sorda, en entre una vida abierta al desarrollo pleno y la de otra cerrada en un mundo de exclusión y discriminación. 

Por eso con la Declaración de la ONU sobre el Lenguaje de señas y la convocatoria de la Federación Mundial de Sordos, se reimpulsa a partir del 23 de septiembre, el movimiento mundial, nacional y estatal de la Comunidad Sorda, bajo el lema  "CON LENGUA DE SEÑAS, TODOS ESTAMOS INCLUIDOS". Felicidades a todas las personas sordas, que se esfuerzan doble y triplemente para vencer barreras y salir adelante con sus proyectos.