“La verdad peligra”…
Por: Elsa Celis | 2018-04-17 03:57:45



El nuevo reto que enfrentamos las actuales y hasta las nuevas generaciones es poder discernir qué es verdad y qué es falso.

No existe como tal, un marco regulatorio que evalúe la veracidad de la información que se genera a raudales en el mundo virtual y como consecuencia, tampoco hay un marco jurídico mundial que penalice las “fakenews” o la información falsa que circula. 

Si bien se podría pensar que un marco regulatorio inhibiría la libertad de expresión, hay que visualizar un poco más allá de este contexto.

Las generaciones viejas aprendimos lo poco o mucho que sabemos en libros escolares o textos de diversos autores e índole; vimos a lo largo del tiempo cómo teorías que en su momento fueron revolucionarias de la física y química -por ejemplo- fueron cayendo una a una a través del tiempo. 

Por citar algo; mientras  Niels Bohr nos planteó una teoría atómica similar al sistema solar en donde los electrones orbitan alrededor del núcleo, no pasó mucho tiempo cuando esta hipótesis fue sepultada para ser sustituida y mejorada al correr de los años.

La información llegaba a nosotros de forma controlada, ya que las casas editoras de libros estaban hasta cierta forma enumeradas o eran parte de un padrón, en donde la real academia de las ciencias validaba los estudios científicos.

Actualmente la academia sigue respaldando los hallazgos científicos, pero existen tantas fuentes de información que sólo los muy versados pueden saber qué publicación es fidedigna.

Por citar, le garantizo que usted ve a diario en internet la cura milagrosa del sobrepeso, él te milagroso, jugo de alcachofa, aceite de coco, vinagre, bicarbonato y mil un cuento más.

Si usted como yo no estudiamos medicina para saber cómo funciona el metabolismo y bioquímica de las grasas, podremos ser presas fáciles de esos contenidos informáticos y creernos que el producto milagroso disuelve la grasa mágicamente. 

Quizá el té no pase de ser un producto inocuo, pero… ¿y si somos alérgicos o tenemos enfermedades metabólicas? probar estos productos milagros nos podrían poner en riesgo de enfermedades o intoxicaciones severas.

Algo así sucede con el cúmulo de información que circula en internet; algunas nos causan molestias leves, otras nos dejan sin aliento.

No solo en temas de salud o de belleza; en temas que nos competen como mexicanos, ya no sabemos quién dice la verdad y quién la desvirtúa.

Y si aunado a esto las instituciones pierden credibilidad, ¿a quién sí le vamos a creer?

No hay una institución que actúe como la academia de las ciencias, que da fe de los procederes de cada gobierno.

Hoy por hoy, nos dicen que el nuevo aeropuerto es una buena decisión; que abrir Pemex fue la mejor opción; que tenemos sistema de salud universal; que estamos fuertes económicamente y nuestra moneda es de las más estables;  que fue  en forma cuerda al bombardear Siria. Que existe el cambio climático, que no es real el cambio climático, ¿cuál religión es la verdadera?, que los alienígenas viven entre nosotros.

Algunos temas importantes, otros nos causan gracia.

Pero si nuestros jóvenes tienen a la mano tanta información falsa, ¿quién los va a encaminar por la senda del saber?¿Quién va a velar por ellos?

Cuentan que hasta las películas en inglés las prefieren ‘traducidas al español’ a fin de no leer, cuando todo sabemos que las traducciones distan muchas veces del contenido real.

¿Podría usted ser capaz de discernir entre qué es real y qué es falso? Es una cuestión que cada día se torna más compleja, mientras no haya un sistema de regulación, más difícil será.

Antes… hasta decir un chisme nos podía hacer enfrentar una demanda por difamación.