“La Trinidad según San Agustín …”
Por: Francisco Javier Álvarez de la Fuente | 2018-05-28 03:20:42



 

El principal misterio para los católicos es el Misterio de la Trinidad, es el más grande, sublime y

perfecto. Sobre él, se han cuestionado teólogos, apologistas, los mismos apóstoles les costaba creérselo.

Y es que es increíble para nuestra mente concebir “un solo Dios, pero en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”. San Agustín fue uno también que se cuestionó sobre dicho misterio, de él se nos cuenta una impresionante historia.

 Cierta vez, se paseaba San Agustín, cerca de una playa, meditando sobre la Santísima Trinidad

y cómo era posible que hubiera 3 Personas en un mismo y único Dios. En esto, se encuentra con un niño que, sentado en la arena, intentaba pasar el agua del mar en un pequeño hoyo que había cavado en la arena.

 El santo le pregunta: – Qué estás haciendo?

 A lo que el niño le responde: – Quiero poner toda el agua del mar en este hoyo.

 – Pero no! Eso no es posible!

 Entonces, nuestro Buen Niño le responde: – Así mismo…tampoco es posible que el misterio tan

grande de la Santísima Trinidad sea comprendido por la mente humana! Si lo comprendes, no es

Dios. Dicho esto, el Niño desapareció.

 Intentar entender el misterio de la Trinidad es querer hacer lo que ese niño pretendía: meter

toda el agua del mar en un pequeño hoy. Nuestra mente es tan pequeña que tan sublime misterio no  cabría en nuestras capacidades intelectuales, por eso el santo afirma “si lo comprendiéramos, no es Dios” en cuanto a que Dios va más allá de nuestros conceptos mentales, más allá de lo que podemos imaginar.

 Nuestra consideración sobre la doctrina de Agustín se centrará en su obra «De Trinitate».

A esta obra capital él mismo la llama «opus tam laboriosum»; trabajó en ella durante largo

tiempo (unos veinte años), terminándola alrededor del 419/420. Para M. Schmaus teólogo alemán

nacido en Oberbaar (Baviera) en 1897, el «De Trinitate» de San Agustín es «el más imponente

monumento literario dedicado a la especulación teológica trinitaria».

La obra se puede dividir en dos partes. La primera consta de ocho libros: los libros I-IV tratan

de la fe trinitaria según la doctrina de la Iglesia y el testimonio de la Sagrada Escritura. Los libros VIII se esfuerzan en clarificar conceptualmente el dogma. En la segunda parte, los libros VIII-XV tratan de acercarse al misterio trinitario con analogías de la creación. En este contexto, San Agustín intercala diversos temas y cuestiones que no tienen ninguna conexión directa con la doctrina trinitaria. En su conjunto, la obra surge del esfuerzo vital por comprender aproximadamente y formular con palabras el misterio inefable del Dios trinitario.

 Como muestra ya su propia estructura, el punto de partida de la doctrina trinitaria es la fe de la

Iglesia en el Dios trinitario. Más exactamente, se trata de la confesión, definida en el Concilio de Nicea, de que «el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son de una sola y misma substancia, testificando con su inseparable igualdad la unidad divina; y que, por ello, no son tres dioses sino un solo Dios».

 Esta perspectiva intratrinitaria no queda sin concretar en la historia de la salvación. Pues, según la

fe de la Iglesia, que San Agustín confiesa y pretende transmitir, la Trinidad no se hizo hombre; ella no fue crucificada y enterrada, ni resucitó y ascendió a los cielos, sino sólo el Hijo. Tampoco fue ella quien, en el bautismo de Jesús, descendió sobre él en forma de paloma y quien confortó a los Apóstoles en Pentecostés, sino sólo el Espíritu Santo. Finalmente, tampoco fue ella quien pronunció las palabras confirmadoras en el bautismo de Jesús, sino sólo el Padre.

 Resumiendo de nuevo esta concreción histórico-salvífica con el pensamiento de la unidad, San

Agustín concluye que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo «como son inseparables, actúan también

inseparablemente. Esta es también mi fe, porque es la fe de la Iglesia católica» Consecuentemente, San  Agustín reza así al final de su obra: «Por esta regla de fe me he regido en mis comienzos; y a partir de ella, te he buscado en cuanto me ha sido posible, en cuanto tú me has hecho capaz, y he tratado de comprender con la razón lo que creía con la fe; mucho he discutido y mucho me he esforzado».

 Pero puesto que la fe de la Iglesia es el fundamento de toda reflexión teológica, San Agustín, en

sus escritos apologéticos, trata de recuperar a los herejes para la fe de la Iglesia; él quiere hacerles

comprender el valor salvífico de aquella medicina preparada en la Iglesia, que guía nuestra torpe mente a la verdad inmutable. Aquello de que él quiere convencer a los herejes le sirve a él mismo de criterio de certeza, así como de medida crítica de su teología. Con ello se plantea la cuestión de cuál es el sentido positivo de los esfuerzos teológicos trinitarios en San Agustín.

Con todo lo anteriormente manifestado, queremos seguir compartiendo todo lo referente a

nuestra Santa Iglesia Católica Cristiana, puesto que para ello… ¡Aquí estamos!

alvarezfj.2@gmail.com