La piel que habito



LO CLARO. Señala Andreas Shleicher, director de educación de la OCDE (sic) “Hay qué dar a las organizaciones de los maestros más opciones de preparación y crecimiento profesional para que estén más preocupados por compartir conocimiento que por las relaciones políticas”.

El gran reto para las autoridades educativas, desprendido de la implementación de la reforma constitucional es no solamente despegar a México de los últimos lugares en su evaluación a nivel básico, sino fortalecer el camino para preparar profesionistas competitivos para el mercado global que ya domina el desarrollo económico local.

En el caso de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, el rector promueve el reconocimiento a la labor docente –ad hoc al festejo de los que imparten cátedra- que en sinergia con el sector productivo hacen el moldeo final de los que regirán precisamente la gobernabilidad económica y política de su entidad en el mediano plazo. Felicidades a los maestros. 

LO OSCURO. Hoy ‘plagiamos’ el título de un filme de Almodovar, “La piel que habito” con un fin oscuro. Ya verá.

La gobernanza de cada pueblo de nuestro amado México, tiene un comienzo común, que a la postre sigue evolucionando.

Los ricos hacendados y terratenientes del siglo antepasado, escogían entre sus empleados a quien sería el presidente municipal y por supuesto a los diputados a los que llamaban ‘levantadedos’.

Había qué cubrir requisitos mínimos indispensables, como un sometimiento absoluto al que lo proponía, un lenguaje político ininteligible y un conocimiento de los escalafones a los que podría aspirar hasta llegar a encumbrarse.

Se convirtió éste segmento político en un monstruo que acabó por desconocer a los cacicazgos locales y se empoderaron en forma de partidos políticos. Los comunes les llamamos ‘divorcio entre sociedad y gobierno’ pues no obedecían más que al dirigente en turno y jamás regresaban ante sus representados.

Más tarde, los empresarios y miembros de la sociedad civil comenzaron a tomarle gusto al tema y acudieron al partido hegemónico para acceder a esos escaños. Los partidos paleros, eran considerados aún ‘nacidos para perder’.

Pero las dirigencias se disputaron aquella hegemonía y con la ayuda de grandes padrinazgos emprendieron el vuelo arriesgando capital político y económico. Como en su tiempo empezaría Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del ex presidente Lázaro.

Con él, abandonaron el barco muchos resentidos que vieron que con apoyos contrarios lograrían obtener prebendas que ya no les eran otorgadas en su franquicia inicial. (Nueva versión, la encuentra usted en Morena)

Mudaron de piel.

Los artistas también. Y las ofertas crecieron. Ecologistas (cuyo origen lo conoce bien Ebrad y el extinto Camacho Solís) en apoyo del hermano de las franquicias Simi y la enorme cantidad de partidos chiquitos a los que les llamaron para pulverizar las ofertas.

Hoy usted encontrará en las boletas –no por preparación adecuada al encargo político, sino por ser ‘famosos’- a personas de la talla de Sergio Mayer, Rocío Banquells, Ariel López Padilla, Cuauhtémoc Blanco, María Elena Saldaña. Adolfo Ríos, o a Eduardo Capetillo.

No votaremos más por políticos que al menos se preparaban para evolucionar en la escala del “servir a la gente”. Ahora sin importar colores, las ofertas serán por la popularidad de aquellos que mudaron la piel de la farándula por otro tipo de ingresos, que también es una farándula.

Mayer llega gracias a que en Los Pinos le hicieron un desprecio por aparecer en un filme donde protagonizaba al Presidente de la Nación.

Señores… esa es la nueva política.

Y si cada pueblo, tiene el gobierno que se merece ¿En realidad nos merecemos TANTO?

COLOFÓN: Mientras, ¿qué hacemos con los políticos que aún quedan? Apenas le comentaría de Esteban Moctezuma Barragán, político priista que migró a Televisión Azteca y ¡zas! Ya se fue a Morena… de que los hay. Dulce veneno es la política.

 

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@deandaalejandro