La lucha: abstencionismo



Confieso ser de las personas distraídas en muchos temas y a veces sin aparente razón, me sorprende la reflexión de un dato. A veces ya conocía solo que no tenía significación.Es lo que me sucedió cuando leo que somos más de 86 millones de mexicanos los que alcanzamos la edad para votar.

Sí, somos más de 86 millones de compatriotas con la categoría de ciudadanos mexicanos y poseemos la obligación-opción de acudir a las urnas para elegir a los representantes de los poderes Ejecutivo y Legislativo, a nivel federal.A nivel local, en algunos estados se eligen a gobernadores (poder ejecutivo local), diputados locales y presidentes municipales.

Según datos publicados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) la población de México es de 132 millones 159,000 habitantes, ocupando el primer lugar entre los países de habla hispana y el segundo lugar de América Latina -Brasil es la primera-; aunque ocupamos la undécima posición en el mundo.

El caso es que más de 132 millones de mexicanos, podremos ir a las urnas el 1 de julio, algo así como 83 millones, por lo que se antoja preguntar: ¿Realmente qué dicen las estadísticas históricas en este sentido? Porque vale saber a qué espectro del abstencionismo nos podemos enfrentar.

En las votaciones federales del 1 de julio de 2012 se eligieron los poderes ejecutivo y legislativo (128 senadores y 500 diputados). La demografía electoral fue de 79, millones 454 mil habitantes y de ellos los que votaron fueron 50 millones 323 mil. Es decir apenas el 63.14%.

En el 2006, las votaciones federales fueron para la elección de los poderes Ejecutivo y Legislativo (128 senadores y 500 diputados) y la demografía electoral se escribió con los siguientes números: Mexicanos en edad de votar: 71 millones 374 mil; de este número, acudieron a votar 41 millones 791 ciudadanos, lo que representó un 58.55% de participación.

Apenas presenté al lector dos años de elecciones federales, las más recientes que fueron cuando se eligió a Enrique Peña Nieto (2012) y a Felipe Calderón Hinojosa (2006) y como se aprecia, la abstención se dio, en el primer caso de 36.86 % y en el segundo de 41.45%. 

Como dato ilustrativo, Tamaulipas en el 2016 eligió los Poderes Ejecutivo y Legislativo (22 diputados) y 43 Ayuntamientos. Entonces estaban registrados 2 millones, 557 mil 228 tamaulipecos. Los votantes: 1 millón, 257 mil 130. Es decir el 56.43% de la población.

Se puede entrar a discusión del porqué del abstencionismo y un sinnúmero de analistas políticos podrán abordar diferentes aristas, que si los candidatos, que si los partidos, que si el financiamiento, que las traiciones, que… lo que me diga. Lo realmente importante en este 2018 y, que adquiere significación, es la información estadística, si valoramos que la diferencia entre elección y elección federal, es de apenas un 4.59%.

Es claro que en este ejercicio no nos limitamos a un partido. El marco de referencia son las elecciones federales.

En base al histórico electoral que deben tener todos los estrategas de los partidos políticos y mayormente los que dirigen las coaliciones, que la contienda de este 2018 es altamente riesgosa porque el abstencionismo es un fantasma presente.

Si alguna vez se pensó que los debates eran una buena acción para luchar contra el abstencionismo, está comprobado que por los dos que van, le han quedado a deber a la ciudadanía mexicana. Y falta el de Mérida.

Las autoridades del Instituto Nacional Electoral, también deben incentivar a la población a votar, cuidando los distintos sectores y promocionando el voto por edad, sexo, escolaridad, religión, estatus social, nivel socioeconómico, profesión, etc.

Como encargo a las universidades públicas o privadas, debieran incentivar a los estudiantes de las carreras afines para estudiar el fenómeno y proponer estrategias para combatir la apatía electoral de los mexicanos.

Las escuelas desde bachillerato pueden hacer ejercicios -no simulacros- para que desde el punto de vista de la ciencia, se investigue la forma el abatir el abstencionismo en México.