La hecatombe del PRI



Para quienes conocieron el otrora un PRI granítico y hegemónico, y que ahora se desmorona como estatua de sal, aseguran que el hundimiento del instituto político es por la falta de liderazgos. 

El fracaso, los pobres números que arroja la votación en las elecciones  del primero de julio, reflejan la ruina, más bien hecatombe de un partido en decadencia, de líderes anquilosados que prohijaron la situación actual. 

Da pena ajena, ver la inconcebible cosecha de votos obtenidos, donde la ausencia de votos  menudeó en todo el estado, me pregunto, ¿qué acciones tomó el  dirigente tamaulipeco Sergio Guajardo Maldonado.

Y si ahora alegan que hubo fraude, tal humillación se hace más voluminosa, mejor, es aconsejable, haga el ejemplo de líder nacional priista, “recoger los despojos”, y quienes son priistas de corazón intentar recomponer el partido.

Sólo son seis  municipios modestos, donde los alcaldes son del PRI: Abasolo, Miguel Alemán, Guerrero, San Carlos, San Nicolás y Bustamante.

El PAN y su coalición suman 16 municipios: Nuevo Laredo, Camargo, Reynosa, Río Bravo, San Fernando, Valle Hermoso, Soto la Marina, Jiménez, Aldama, Antiguo Morelos, Altamira, Tampico, Mainero, Hidalgo, Victoria y Xicoténcatl. 

Para Morena: Matamoros, Güémez, Díaz Ordaz, Cruillas y Madero.

Por lo que toca en las diputaciones federales y Senadurías, baste decirle, que ninguno para el PRI,  la Senaduría está por definirse entre Ismael García Cabeza de Vaca y Américo Villarreal Anaya. El otro llegará de primera minoría.

Ahora, da tristeza que hasta el momento, salgan a la palestra, los priistas de corazón, Edgar Melhem Salinas, Baltazar Hinojosa Ochoa, Enrique Cárdenas Jr., por mencionar algunos, que le quieran invertir, dar esfuerzo y corazón. 

En Tamaulipas, el PAN se convierte en la primera fuerza política, la segunda fuerza, es Morena y en un lastimoso tercer lugar el PRI, La Reflexión, de los priistas es urgente. 

El reto es grande, recuperar la confianza del Pueblo, tiene que ocupar la dirigencia tricolor, alguien con arrastre, honestidad a prueba y que le crea un pueblo resentido y decepcionado.