La gallina de los huevos de oro…



 

Hace algunos lustros, la economía mexicana dejó de tener como su principal fuente de ingresos al petróleo.

La reducción de las inversiones, el agotamiento de algunos campos de producción en tierra y aguas someras, hicieron que fuera perdiendo terreno.

Otro elemento que incidió fue la severa corrupción en que la paraestatal se vio inmersa con la complicidad del sindicato petrolero. 

El sur de Tamaulipas, especialmente Ciudad Madero, dio testimonios de ello, desde la era del cacique de horca y cuchillo Joaquín Hernández Galicia y sus críos; hasta la vigente de Carlos Romero Deschamps.

Otros sectores que crecieron para contribuir a los ingresos de manera extraordinaria son el turismo y los envíos de remesas de dólares que desde el extranjero hacen connacionales ; así como el resurgimiento del campo.

El sector agropecuario,  ha tenido varios ajustes en las políticas públicas,  financiamiento y subsidios, encontró un punto de equilibrio que lo hizo rentable de manera más amplia.

No solo fueron apoyos en financiamiento, dotación de infraestructura, apoyos a la comercialización y  una  planeación más estricta con orientación a los cultivos más rentables.

Las importaciones de granos, oleaginosas, carnes y leche, empezaron a reducirse, sin que se haya alcanzado la soberanía alimentaria.

Hay principios básicos en la rentabilidad de las empresas agropecuarias,  que tienen que ver con el tamaño de las parcelas, granjas o ranchos, de acuerdo a las condiciones de riego o temporal.

Gracias a los avances en la tecnificación del campo con innovaciones tecnológicas cada vez más relevantes para simplificar tareas y hacer más eficientes las prácticas agropecuarias,  la rentabilidad  ha mejorado.

Sin embargo, existe una amplia capa de productores rudimentarios y de agricultura o ganadería de subsistencia a quienes se les ha complicado implementar esas nuevas técnicas y tecnologías.

Los subsidios y apoyos para esos segmentes, siempre se mantuvieron, pero no con los mismos resultados que en los segmentos siguientes.

La mayor parte de la producción de alimentos para el abasto de las necesidades nacionales, proviene de ese segundo y tercer segmento, permitiendo además  un crecimiento relevante en exportaciones que han  hecho favorable la balanza comercial.

Tamaulipas, como estado agropecuario de relevancia a nivel nacional, contribuye de manera significativa en la producción de granos como sorgo y maíz , de oleaginosas como cártamo y soya; de frutos como la naranja y limón; así como la carne de bovino en pie o en canal y cortes.

Pero los ajustes que el nuevo gobierno federal, en su primer diseño de presupuesto para el ejercicio fiscal del año 2020,  le ha dado un bajón de cerca del 30 por ciento a los recursos para impulsar al campo

De acuerdo a las cifras preliminares, le quitan cerca de 20 mil millones de pesos y cambian en forma drástica la orientación de los subsidios, privilegiando a los menos productivos y dejando fuera a los más productivos.

 En la entidad, el ciclo agrícola más importante es el denominado Otoño-Invierno, cuyos trabajos de preparación inician desde éste mes de octubre, noviembre y diciembre.

Las fechas de siembra de los principales granos ( sorgo y maíz) son  desde mediados de enero a mediados de febrero.

Entre los productores del campo tamaulipeco, hay gran incertidumbre y preocupación por lo que pueda pasar en éste ciclo.

Cientos de agricultores hacen sus cálculos para saber cómo les iría sin los estímulos a la producción, pues si salen de la franja de la rentabilidad, simplemente dejarían de sembrar.

Alguien debe hablarle con la verdad al Presidente Andrés Manuel López Obrador y al Secretario de Agricultura Víctor  Villalobos Arámbula de la realidad del campo mexicano.

Quizás deban hacerse algunos ajustes en la política de subsidios, pero no pueden tomarse medidas drásticas que harán no solo fracasar al ciclo agrícola que está en proceso, sino echar por la borda el trabajo de éste sector en el presente siglo.

La volatilidad de los otros sectores como el energético ( petróleo en decadencia),  el turismo afectado por la inseguridad y el sargazo en el Caribe;  y las inciertas remesas de dólares de los paisanos,  obligan a no abandonar a sectores emergentes como el campo.

Un campo desmantelado e improductivo cuesta mucho levantarlo o reactivarlo. Y la soberanía alimentaria se irá de picada.

Al campo mexicano no puede ni debe irle como el nombre del rancho del Presidente de López Obrador,  “La Chingada”, que tiene en Chiapas y que hace dudar  si es que produce algo en sus tierras.

Es aquí donde tienen que armarse de valor y de argumentos las organizaciones serias de productores en Tamaulipas, a fin de presionar por las vías legítimas primero al gabinete agropecuario del gobernador Francisco García Cabeza de Vaca y luego a las instancias federales, sean del Ejecutivo o Legislativo.

No hacer lo y dejar que al presupuesto federal para el campo mexicano se quede manco,  tendría un impacto severo en Tamaulipas.

No solo pierden los productores, sino el comercio y toda la cadena productiva.

En el caso de Tamaulipas, sería como “matar a la gallina de los huevos de oro”.

Tiempo de trabajar duro para líderes agropecuarios como Jorge Luis López. Homero García de la Llata, Julio César Gutiérrez Chapa, Raúl García Vallejo, entre otros. 

De la mano, claro está, del Secretario de Desarrollo Rural del Gobierno del Estado, Ariel Longoria García y su equipo de colaboradores;  o del propio gobernador Francisco García Cabeza de Vaca.

Es hora de defender  la rentabilidad del surco. Espero no falten sombreros.