La culpa del presidente…



Después de conmemorarse 50 años de uno de los peores episodios de México donde un sistema represor silenció violentamente el grito de protesta de jóvenes que, como bien cita Elena Poniatowska, no tenían más armas que su juventud, nos referimos a la matanza de Tlatelolco que tiñó de sangre la Plaza de las Tres Culturas y llenó de indignación a la nación, muchos son los comentarios que se leen y escuchan al respecto.

La mayoría hechos por gente conocedora del tema como lo es el caso del profesor  Darío Martínez Osuna, que a 50 años de la tragedia la relata con tristeza porque no se hizo justicia y el gobernante, con acciones horrendas más feas que su persona, Gustavo Díaz Ordaz, no pagó en carne propia su mal actuar.

Pero igual se vieron comentarios ilógicos, como el de un joven deseando se muriera Díaz Ordaz dejando claro que ni idea tenía de lo que escribía.

También se vieron muchos comentarios de tamaulipecos reprochando que nuestra entidad tuviera un municipio con el nombre del sanguinario y represor Díaz Ordaz, lamentablemente ya no se puede hacer mucho en ese caso.

Claro que no es imposible que se le cambie el nombre a un municipio que como muchos dicen que estaría bien que se llamara Dos de Octubre y no Gustavo Díaz Ordaz pero sería un verdadero desastre.

Imagine usted lo que sucedería con todos los oriundos de esa parte de suelo tamaulipeco que están orgullosos de su municipio, que sienten el arraigo al pueblo, de entradita se indignarían y opondrían y no porque estén de acuerdo en recordar a un gobernante represor, sino porque el terruño es otra cosa y se defiende, además, nada tienen que ver con las barbaridades que cometiera Díaz Ordaz.

Segunda, se desencadenaría una serie de problemas, desde la identidad de las personas, sus actas de nacimiento, credenciales electorales, direcciones, estados bancarios quedarían en un dilema.

Prácticamente dejarían los oriundos de Díaz Ordaz de ser quienes son, sería un tanto como cambiarles la identidad y eso sí sería un problema mayor.

Pueden aplicarse los diputados y legislar para cambiarle el nombre, pero a estas alturas del partido eso sería una ocurrencia que traería consecuencias.

Claro que los que conocieron los acontecimientos del 68 mucha razón tienen en pedir que nada se tenga que les recuerde a Díaz Ordaz, por supuesto que la justicia en ese caso sigue siendo asignatura pendiente en este país pero, ¿a quién sentenciar?, el malvado ya no está.

Hoy solo nos toca cargar con los daños colaterales de su acción y que en Tamaulipas por mal tino de un gobernante se tenga un municipio con el nombre de Díaz Ordaz  ya nada se puede hacer.

Son muchos los oriundos de esa tierra que querrán el nombre de su pueblo defender, ahí está su historia, su vida y seguro no estarían dispuestos a cambiarlo, insistimos, no porque estén de acuerdo con él sino porque les tocó nacer en ese espacio y el cariño al terruño se impone.

Díaz Ordaz no es el caso de Guerrero, Coahuila, donde todos conocen el municipio como Río Grande, como originalmente se llamaba antes de que le impusieran la placa de Guerrero y que un presidente propuso se cambiara, que regresara a su nombre original.

En fin, el caso es que en estos días, por el Dos de Octubre, se vieron y escucharon comentarios de todo tipo con respecto a lo sucedido con la matanza de Tlatelolco por un gobierno represor que utilizó todo el poder.

Razón por la que muchos se lamentaron que en Tamaulipas se tuviera un municipio con el nombre de Gustavo Díaz Ordaz, lamentablemente aunque sea deseo de la mayoría, para no recordar al sanguinario presidente, por el bien de la gente de esa parte de la frontera no es bueno que cambie el nombre, sería un desastre hasta legal, no pueden pagar los ciudadanos la culpa del presidente.