La 4 T



 

      Es sin lugar a dudas el gobierno de Andrés Manuel López Obrador un parte aguas en el quehacer político nacional. La diferencia de formas y de fondos es diametralmente opuesto a los gobiernos anteriores. Las entrevistas mañaneras que fungen entre informes y comunicación social muestran a un Presidente comprometido y sobre todo dando la cara a los medios. Por supuesto el Presidente es un maestro en el manejo del escenario público. De tal manera que proyecta en cada acto, en cada palabra su responsabilidad como mandatario. Esto a su vez conlleva grandes riesgos para con su propia imagen. Los primeros trazos de esas desventuras van de la mano de la falta de pericia o hasta incompetencia de sus colaboradores en algunas posiciones claves. 

      Un ejemplo claro de esto fue el desabasto de combustibles que duró casi tres semanas, dónde la idea fue seguida de la acción sin pasar por la planeación. Como si el Presidente lanzara una orden y sus colaboradores se aventuraran sin ton ni son a obedecer. 

       Ahora lo estamos viendo con las guarderías; misma acción está sólidamente sustentada contra actos de corrupción emanados sobre todo durante la administración de Felipe Calderón, bueno solo basta recordar la tragedia del ABC como para imaginar el resto de miles de guarderías que fueron entregadas como concesiones a familiares de panistas. Es indefendible argumentar en favor de éstas guarderías que cobraban caro al estado y además falseaban información sobre el número de servicios que brindaban. De ninguna manera está en tela de juicio la motivación para relanzar esa ayuda, sobre todo a madres solteras o madres que trabajan, y construir a partir de esa necesidad un sistema que lleve el beneficio directamente a las familias. El hecho se repite en el campo, con los fondos para impulsar la producción agrícola. Pero el problema es que detrás de la idea, nuevamente, se saltan la planeación y se van directo a la acción, generando no solo incertidumbre, sino además dando a la oposición municiones para descalificar a la insipiente administración.

      Algo similar ocurre con Pemex, con el anuncio de una nueva legislación fiscal. Esto debió planearse desde la instrumentación del presupuesto del 2019, para dar certidumbre a los mercados y a los tenedores de bonos del gobierno y del mismo Pemex.

       No cabe duda que este gobierno está volteando la casa de cabeza para acabar con la corrupción y el saqueo irresponsable de los últimos 30 años. Y está enviando señales claras en lo que a beneficios sociales se refiere, buscando la forma de que estos apoyos lleguen directamente a los beneficiarios sin pasar por el andamiaje de la burocracia y sobre todo de los rapaces intereses gremiales. 

       Ahora bien, las acciones encaminadas a combatir la corrupción y el ejercicio delincuencial desde el interior del gobierno o desde la ciudadanía son claras y contundentes, aun así estén pinceladas por la desorganización. Sin embargo eso no será suficiente para aterrizar plenamente la justicia social que el país requiere desesperadamente. Para eso se requiere de cambios cruciales en el comercio, la productividad y por consiguiente en la generación de empleos. 

        De tal manera el gobierno deberá incentivar la producción, ya sea privada o pública. Porque desde que se abandonó la economía mixta el deterioro del ingreso familiar obrero ha sido una constante. Se deberá redefinir la estrategia comercial internacional, ya que tenemos un déficit comercial que ronda los 32 millardos de dólares. Mismo que arrastra a las empresas mexicanas al abismo de la quiebra. También se deberá buscar una escalatoria fiscal para las empresas de acuerdo con su ingreso, como se hacía en EU en los años 50s y que generó el “Big Boom”. 

        Si la 4 T no genera los cambios económicos indispensables para que los negocios familiares, las pequeñas y medianas empresas puedan florecer y rendir frutos, entonces este gobierno se quedará lejos de cumplir su objetivo con  el restablecimiento de la justicia social. ¿Por qué saco esto a colación? Porque el pasado 31 de enero no hubo cambio alguno para imponer aranceles en materias indispensables  para la planta productiva nacional y si no se fortalece ésta, este país será un país con menos corrupción, pero seguirá enrolado en la economía neoliberal.

 

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