Gobernar para los jóvenes
Por: Gerardo Flores Sánchez | 2018-02-28 04:27:22

La mayoría de académicos, investigadores, empresarios y políticos en México, tienen puestos los ojos en la riqueza petrolera y en otros recursos naturales,  como la clave para detonar el tan ansiado despegue del desarrollo de México, sobre todo cuando la economía nacional prácticamente, sigue sin crecer.  

Otros más ven la solución para ese despegue, en el potencial turístico de nuestro país con sus numerosas y bellas playas, sus preciadas zonas arqueológicas, su extraordinaria cultura, comida tradicional, etc. 

También se mencionan como fórmula para impulsar el definitivo arranque de nuestra economía, atraer la inversión extranjera directa ofertando intensivamente las ventajas de México, tales como la vecindad con EEUU (el mercado más grande del mundo), sus parques industriales, las facilidades fiscales que otorga el gobierno a los inversionistas, la paz laboral y hasta los bajos salarios de los obreros mexicanos.

Muchos describen el auge que ha tenido en los últimos lustros la industria automotriz, como un ejemplo de cómo la inversión extranjera con transferencia de tecnología, puede ser la palanca para un desarrollo sustentado en sectores de mayor productividad, competitividad y valor agregado, más allá de la sola exportación de materias primas y de la  industria de la maquila. 

Entre los pesimistas están los que se lamentan de que México nunca podrá dar ese gran salto a nación desarrollada y próspera del siglo XXI, sencillamente por el enorme rezago nacional en el desarrollo de ciencia y tecnología, precisamente en un mundo caracterizado por la sociedad del conocimiento.

¿Cuál es entonces el factor determinante o la llave maestra para conseguir esa urgente detonación de la economía mexicana, que nos abra la puerta para un futuro con certidumbre, lejos del derrumbe y caos generalizado?

Un factor en el que por mucho tiempo pocos repararon o evitaban enfatizar, es precisamente el de las personas, y de ellas especialmente los jóvenes, es decir de los que forman la población que demanda, produce y consume todo lo que da contenido y movimiento a una economía.  

El compromiso de Cabeza de Vaca, de poner en primer lugar a las personas, mediante la “reconstrucción del tejido social y la generación de condiciones para una paz y prosperidad sostenibles”. Esta propuesta fue precisamente una de las poderosas razones que determinaron su triunfo electoral en el 2016. Hoy se sabe que el 44% de los jóvenes tamaulipecos menores de 29 años votaron por él, superando en 20 puntos a su contrincante en ese grupo de edad.

Ya desde las jornadas ciudadanas que recogieron las propuestas que alimentaron al PED, señaló que se comprometía a hacer un gobierno cercano a la gente. Tanto la que demandaba ser atendida en sus demandas, como la que pone todo su empeño en producir y generar  la riqueza social del estado. Afirmó claramente que “los niños y  jóvenes no solamente eran el futuro de Tamaulipas, sino su presente”.

 

Hoy su gobierno ha formalizado en el Plan Estatal de Desarrollo (PED 2016-2022), esa promesa de campaña, señalando que lo más importante son los tamaulipecos, particularmente los jóvenes de todas las regiones del estado, desplegando un intenso trabajo institucional e intersectorial expresado en políticas públicas, instituciones, programas de gobierno y desde luego, presupuestos.

Con ello se hace una distinción entre la concepción anterior de la economía de las cosas y de los recursos humanos cosificados o definidos  abstractamente como capital humano, centrada en una acumulación de capital no condicionada a su distribución y beneficio social, y  el actual enfoque de una economía para el desarrollo sustentable con equidad, centrado en las necesidades y derechos humanos de las personas, y en la construcción de capital social.

Precisamente, uno de esos sectores de la población, fundamental para el desarrollo económico integral de un país emergente como el nuestro, es el formado por los adolescentes y jóvenes. 

En consideración a que se trata del grupo poblacional potencialmente más productivo, en el que descansa la prosperidad del futuro inmediato de una sociedad, ha sido denominado por los académicos como “bono demográfico”. 

Este se presenta cuando el número de personas jóvenes de edad productiva es o tiende a ser mayor que el de otras edades no productivas y dependientes (niños y adultos mayores).El promedio de edad en México es de 27 años, por lo tanto somos todavía un país de jóvenes, que tendrá por dos décadas la oportunidad de que el bono demográfico beneficie la economía nacional y las estatales.

El bono demográfico resulta del cambio de la estructura de los grupos de edad determinada por descenso de la fecundidad (nacen menos niños) y de la mortalidad (mueren menos personas) propia de sociedades que se encuentran en un proceso de transición demográfica. Entonces su ventaja es que aporta un gran volumen de fuerza de trabajo para generar riqueza. Pero también plantea la exigencia al país, de crear suficientes empleos con buenos salarios y de atender sus necesidades de educación, alimentos, seguridad, salud, vivienda y otras más, para que esa riqueza potencial no se convierta en carga, peso muerto o peor aún en factor de inestabilidad y tensión social.

Según INEGI en 2016 el 27.4% de la población de México tenía menos de 14 años y el 25.7% de 15 a 29 años. El 7.2% de los jóvenes de 15 a 29 años estaban desempleados en 2016. De los 24 millones que tenían empleo, el 61.1% laboraba en la economía informal y el 22.1% no estudiaba, ni trabajaba. Por otra parte, la encuesta intercensal de INEGI del año 2015, informó que el 50.4% de los tamaulipecos tenían 12 y más años. 

Ante este panorama, Cabeza de Vaca ha decidido gobernar para ellos y enfrentar los numerosos retos para que su plena inclusión social sea una realidad. Las ferias de empleo, los programas de asistencia social, bienestar social y salud dirigidos específicamente a ellos, la coordinación con el Sistema de Educación y la Universidad Autónoma de Tamaulipas para abrirles las oportunidades de una educación de calidad, la recuperación de espacios públicos para actividades deportivas, recreativas y culturales, la creación de un marco jurídico e institucional  para protegerlos de la violencia son algunos ejemplos de esta política pública centrada en quienes constituyen el bono demográfico de Tamaulipas.  

Hoy el rescate y fortalecimiento del tejido social de la sociedad tamaulipeca lastimada por la violencia y la crisis económica, pasa por dar a los adolescentes y jóvenes tamaulipecos el lugar preeminente que merecen.

 

Una muestra de este reconocimiento fue la 4ª edición del Festival Jóvenes Tamaulipas, que con la participación de más de 65 mil adolescentes y sus familias, se celebró el pasado fin de semana en Cd. Victoria en la cual en un ambiente de diversión, fiesta, armonía, paz, cordialidad y respeto, se dejó patente que el gobierno estatal tiene un muy alto compromiso moral y social con este grupo de población, en congruencia con lo que claramente afirmó durante la campaña política que lo llevó a la gubernatura: “los niños y  jóvenes no eran el futuro de Tamaulipas, sino el presente”.

 

Queda muy claro entonces, que en economía y política, la clave son los jóvenes.