El estudiante del siglo XXI



ENTREVISTADOR: Hoy nos acompaña en estos Diálogos Pedagógicos el Dr. Eduardo Andere, analista y escritor de políticas públicas (Política Educativa y Educación Comparada). Y Profesor Investigador visitante de la Escuela Steinhardt de Nueva York. A quien le damos la bienvenida y a quien le agradecemos que haya aceptado darnos esta entrevista. Por lo cual iniciaremos preguntándole: En el artículo titulado con el nombre de este diálogo, usted asegura que no existe currículo ni propuesta curricular en el mundo, en la que no se enfatice la importancia de una nueva habilidad para los niños que es: “solución de problemas”: ¿Cuál es la razón para que usted se oponga a esa habilidad?

E. ANDERE: Mire usted, creo que el problema es la palabra problema. Sin embargo, en el nombre está el pecado. Y le voy a decir por qué: El cerebro produce más químicos de la “felicidad” en la medida que lo que lee, siente, percibe, mira y escucha, lo relaja (con ciertos límites) en lugar de tensarlo (también con ciertos límites).

La palabra problema engendra tensión. Y a menos que se trate de un juego, donde la tensión natural, derivada del juego, es saludable, en general, problemas no esperados o de la vida real, generan mucha tensión o estrés. Recordemos cuántas veces en nuestras conversaciones cotidianas cuando platicamos con nuestros hijos, padres, hermanos, amigos, colegas, con frecuencia preguntamos: ¿Hay algún problema? ¿Está todo bien? No hay problema, ¡¿verdad?!

Imaginemos a un pequeño que va a la escuela y se enfrenta a una prueba cuyo contenido es un conjunto de “problemas”. La mejor solución del cerebro es elevar la adrenalina para huir, atacar o pasmar.

ENTREVISTADOR: ¿El cerebro reacciona con hormonas, adrenalina y cortisol, ante el problema o la amenaza del problema?

E. ANDERE: Exactamente, la escuela de hoy lamentablemente es puro problema, porque hay que trabajar todo el tiempo para resolver los problemas de las pruebas, y no sólo eso, sino para­- ganarle a los demás lo que en sí ya es un problema- entonces no tenemos de qué sorprendernos que la escuela sea rechazada por los cerebros de los niños y jóvenes. Puesto que debemos recordar que los niños y jóvenes ven el mundo de manera diferente de como la ven los adultos. Para los adultos la solución de problemas puede ser una expresión cotidiana, para los niños, no. Un niño puede ver una banca floja como una oportunidad para curiosear, brincar, jugar, mover, saltar, explorar; para un adulto, es un problema.

ENTREVISTADOR: ¿Por eso usted asegura que si la escuela es un platillo lleno de problemas, a ningún niño le dan ganas de ir a la escuela?

E. ANDERE: Correcto así es,  por ello, en el siglo XXI, está de moda el tema del aprendizaje alegre o divertido. Pero, ¿qué tiene de divertido ir a un lugar a enfrentar problemas? Eso es cosa de los adultos, no de los niños. Si los adultos le dicen a los cerebros de los niños “ven a divertirte a la escuela” y al mismo tiempo se les somete a la presión de enfrentar, resolver o superar problemas, además de ganarle a sus compañeros todo el tiempo, el cerebro de los niños, se enfrenta a mensajes contradictorios. El cerebro siempre resolverá por el camino fácil: “no me gusta”; por tanto, “no me interesa”; “no estoy motivado”.

ENTREVISTADOR: Los cerebros de los niños son cerebros con muchas conexiones, muchas más que las de los adultos y mientras la madurez llega, en el mundo infantil de conexiones libres y aleatorias: ¿Mandar a un niño a una escuela a aprender una habilidad que de entrada es un problema, asusta al cerebro y lo pone a la defensiva?

E. ANDERE: Así es, yo creo que nada gozoso hay ahí. Por ejemplo, un bebé de un año de edad tiene el doble de conexiones que las de un adulto. Un adulto tiene alrededor de 500 mil millones de sinapsis por milímetro cuadrado (Bronson y Merryman). Si el bebé tiene el doble, ¿eso lo hace más poderoso desde el punto de vista mental? No. Como dice la psicóloga Alison Gopnik, cada una de esas conexiones es una conexión débil. Con la práctica, la significancia y la repetición esas conexiones se fortalecen y permanecen. En busca de la eficiencia, el cerebro mismo se encarga de podar las conexiones no usadas.

ENTREVISTADOR: ¿La solución del problema “2+2” es un problema esencial por naturaleza? o ¿un acertijo?

E. ANDERE: Pensemos, ¿qué tiene de problema sumar 2+2?. La solución a 2 + 2 es 4. Dos más dos no es un problema, es un acertijo, un enigma, un desafío, y 4, no es una solución a un problema, sino un descubrimiento, una conclusión, una respuesta lógica a un acertijo. En el camino, los niños exploran, indagan, descubren, “espían” y lo hacen juntos, como cuando juegan “a las escondidas”.

Las matemáticas no son un problema, son una impresionante herramienta de eslabones lógicos, nítidos y perfectamente alineados con las habilidades innatas del ser humano. No, no tendríamos que ir a la escuela a estudiar problemas, o sus soluciones, sino a explorar situaciones, descubrir relaciones, indagar caminos. Los problemas vienen más tarde, en el mundo cercano a los adultos. Mientras ese mundo llega, los niños pueden aprender que las matemáticas no son un problema sino una estrategia, una herramienta, una forma sencilla de ver la vida, una exploración, un juego de espías.

ENTREVISTADOR: ¿Lo mismo podría lucubrar respecto de otras habilidades del siglo XXI: pensamiento crítico, capacidad de aprender por sí mismo,  tomar decisiones etc.?

E. ANDERE: En realidad, lo que queremos decir es pensamiento lógico, que no es otra cosa que inteligencia líquida. Dejemos para los adultos el pensamiento crítico y demos más oportunidad para que los niños desarrollen sus habilidades naturales a su tiempo, sin prisas y sin que tengamos que encasillarlas o secuestrarlas por los cerebros “maduros” e “inhibidos” de los adultos”.

ENTREVISTADOR: Pero como dice el refrán “Hasta aquí te trajo el río”, demos por terminado este diálogo, no sin antes agradecerle al Dr, Andere su amabilidad por permitirnos leer su bonita disertación pedagógica. 

 

 

Diálogo basado en el artículo del mismo nombre de Eduardo Andere, publicado en la revista “Educación Futura”, del día 28 de Agosto del 2017.