El bolsillo y las dudas transicionales.



 

El hecho de que el país no haya crecido lo suficiente en materia económica durante las últimas tres décadas, no quiere decir que, a partir del 2019, en automático esa acción se dispare de una previsión de 1.8 que hacen las agencias financieras a más de un cuatro por ciento que tiene comprometido el presidente electo, Andrés López Obrador.

En este asunto de las finanzas es mucho lo que se dice entre los analistas, quienes están dedicados a cuidar cualquier detalle sobre el comportamiento de la gente que, en el equipo del político tabasqueño, toca el punto de la economía, en el entendido de que, todo cuenta y todo pega.

Solo esperemos que el escenario político favorable que se tenía, no se complique a consecuencia de la incertidumbre financiera y social.

El primer caso, lo financiero, sin entrar a los detalles, podemos decir que tiene a los mercados en ascuas, por la existencia de dos lenguajes, el de los tecnócratas que están en el equipo de López Obrador, quienes interactúan con los analistas financieros con la idea de generar confianza y el de los funcionarios que no caminan en el mismo sentido, porque con su actitud política, están en contra de todo aquello que hizo la actual administración y buscan echarlo por tierra, sin medir las consecuencias que ello tiene.

Es simple, debido a la actitud de estos últimos, las predicciones inflacionarias al cierre de este año, ya no son del 4.3 por ciento, como se esperaba desde el segundo trimestre de 2018, sino que, se cree que alcanzará el 4.9 por ciento, en el entendido de que, cada fracción porcentual representa un latigazo a la economía familiar.

Respecto a la incertidumbre social, que, es la más delicada porque implica el día a día de millones de mexicanos que esperan contar con mejores condiciones de vida a partir del cambio por el que votaron el pasado primero de julio, es un factor determinante ahora, ya que, después del triunfo electoral y todo aquello que la gente ha visto en el presidente electo y su equipo de colaboradores, comenzó a perderse la confianza ciudadana.

De acuerdo a los datos del INEGI, luego de un repunte hasta del 14 por ciento en julio pasado, tras las elecciones presidenciales, la confianza de los consumidores mexicanos bajó el 1.8 por ciento en septiembre pasado, la caída más pronunciada en la expectativa del futuro de la economía para el próximo año y en un escenario en el cual, también agosto registró ese fenómeno, aunque en un 0.2 por cuento

El indicador económico social que permite analizar la expectativa de los consumidores mexicanos, se compone de cinco elementos, cuatro de los cuales fueron negativos, comenzando con aquel que se refiere a cómo creen las personas que será la situación de la economía dentro de un año, porque bajó 2.6 por ciento 

El otro punto se refiere a la percepción sobre cómo es la situación económica de los miembros de los hogares en este momento, respecto a la de hace un año y el dato revela una caída del 1.7 por ciento y sobre cómo creen que será dentro de un año, es casi en el mismo nivel, es decir, vaticinan poco más del 1.5 por ciento, esto, a pesar de que, para entonces el nuevo Gobierno estará bien sentado en su silla

El otro dato se refiere a la posibilidad de invertir en bienes duraderos para el hogar, como lavadoras y televisores, bajó en 1.2 por ciento, situación que redunda en la disminución de la confianza del consumidor.

Las razones para una percepción negativa de los ciudadanos, según la encuesta del INEGI, se deben a elementos como enfrentar aumentos en los precios de los combustibles, los cuales no han cedido a pesar de las predicciones de la Reforma Energética y quiérase o no, son factor para la inflación, que, como ya se previó, será mayor del 4.3 por ciento y llegará casi al cinco por ciento.

La confianza de los consumidores tuvo su punto mayor en julio por el triunfo de Andrés López Obrador, sin embargo, conforme pasan las semanas, el indicador de optimismo se reduce, por tanto, el escenario político cambia por la presión de la incertidumbre hacia la sociedad y la determinación del equipo de transición para alejarse de los compromisos de campaña día tras día.

En los asuntos financieros, no será suficiente, aunque sí es necesario, reducir los salarios de los funcionarios a partir del mes de diciembre, ni las políticas de austeridad, los estudiosos de las finanzas tienen la vista puesta en la construcción de Presupuesto de Egresos del 2019, que deberá aprobarse antes del 15 de diciembre venidero y en los apartados relativos al soporte de deuda pública, inversión y los recursos que se destinarán a respaldar los programas sociales.

Es más, las calificadoras financieras señalan la posibilidad mejorar la capacidad de gasto de la próxima administración federal, a través de impuestos más altos o de incrementar el déficit, es decir, recurrir a réditos para financiar los compromisos que se hicieron en la campaña con los ciudadanos, entre los que destacan pago a los desempleados, a los jóvenes y a los adultos mayores, mismo que saldrá del presupuesto.

En el fin del sexenio priísta y el arranque del regeneracionista, está presente además de la incertidumbre, la desconfianza del consumidor, ya que, a pesar de las promesas de la izquierda, no ve por donde su bolsillo salga beneficiado, debido a que, los aumentos en los precios de los productos de la canasta básica, servicios y combustibles, se siguen de frente y generarán un dramático aumento en la inflación que podría dificultar la transición de un gobierno federal a otro.

Los ciudadanos confiaron en López Obrador hasta las elecciones, pero, algo hay en el escenario de la sucesión presidencial que no les permite creer igual, cuando se cambian de la percepción política a la percepción sobre sus finanzas personales y familiares.

En automático se logrará un cambio positivo en la confianza de los consumidores, sí a partir del primero de diciembre los precios de los combustibles se detienen, pero, si eso no sucede, al acumulado de desconfianza que registrarán los meses de octubre y noviembre, habrá que sumarles el desencanto del arranque de la próxima administración, que dejará grandes dudas transicionales y el bolsillo desgastado.