El árbol prohibido…
Por: Obispo Antonio González Sánchez | 2018-06-10 03:35:52



Para el creyente que asiste y participa de la misa dominical no debe ser  solamente cumplir con un precepto, sino que en esa misa al escuchar la Palabra de Dios escrita en la Biblia, esa  Palabra le debe servir de guía, de alimento, de luz para toda la semana.

Este domingo a la luz de esa Palabra se debe reflexionar que en el corazón del ser humano anidan los deseos más significativos que permean su vida y marcan el ritmo de sus actos. Los deseos son un aspecto que acompañan los procesos humanos de crecimiento y madurez, de logros y fracasos.

En la primera lectura tomada del libro del Génesis, 3, 9 – 15, Adán y Eva se enfrentan a sus deseos. Abrumados por su futuro, buscaron la independencia de Dios: “Se les abrirán los ojos y serán como dioses” (3, 5). Pero no pudieron solos, fracasaron en su intento. Desear, buscar, encontrar y probar son los pasos que llevan de la inocencia a la conciencia. 

“Después que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido, el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó: ¿Dónde estás?; me escondí porque tengo miedo y estoy desnudo”. Miedo por la incertidumbre de las decisiones tomadas. Desnudo, porque ahora se ve a sí mismo y puede apreciar su condición creatural: es imagen y semejanza de Dios, pero no es dios.

Los seres humanos ¿qué buscamos?: “Nosotros no ponemos la mira en lo que se ve, porque lo que se ve es transitorio y lo que no se ve es eterno” (segunda lectura 2 Corintios 4, 18). San Pablo recuerda una promesa que mantiene viva la esperanza del ser humano y sus búsquedas: “Dios nos tiene preparada en el cielo una morada eterna, no construida por manos humanas”.

En el texto evangélico, Mc 3, 20 – 35, el evangelista comienza a enumerar las oposiciones que va encontrando Jesús. Hoy lo acosan las calumnias. El Señor responde a ellas proclamando su victoria sobre Satanás.

El texto cierra con  una enseñanza implícita en una pregunta que se puede intuir; su madre y sus hermanos lo están buscando: ¿dónde estás?

Nuevamente los deseos del corazón, el miedo al fracaso y la incertidumbre; la necia actitud de sólo poner la mirada en lo que se ve. El Señor no se esconde, cumple en medio del pueblo la voluntad de su Padre y dice que cumpliéndola también los seres humanos, se abrirán las puertas de una fraternidad nueva en Él: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Éstos son mi madre y mis hermanos: porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.

Se puede orar con las  palabras de la oración de la misa dominical: “Señor Dios. De quien todo bien procede, escucha nuestras súplicas y concédenos que comprendiendo,  por inspiración tuya, lo que es recto, eso  mismo, bajo tu guía, lo hagamos realidad”.

Que el amor y la paz del buen Padre Dios permanezca siempre con todos ustedes.