El Abogado del Pueblo



 

El día de ayer, se estuvo celebrando con bombo y platillo el  “Día del Abogado” y con ello toda una gran festividad no se dejó esperar entre quienes tenemos como profesión la carrera de derecho.  Desde primera hora de la mañana de este 12 de Julio, iniciaron las alegres reuniones, los cálidos saludos y eufóricas felicitaciones,  también encuentros del gremio que a propósito de dicho día,  aprovechan para congregarse y reflexionar sobre aspectos cruciales de la vida jurídica. 

¿Cuándo fue la última vez, estimado lector que usted necesitó de un abogado?

Debemos tomar en cuenta que el papel del abogado (a), como también las demás profesiones, abonan al mejoramiento de la sociedad y el bienestar de las personas a través de los servicios brindados en el ejercicio de su conocimiento, experiencia y capacidad puestos en conjunto al mando de las distintas necesidades,  bien sea de sus clientes o usuarios según sea el caso. 

Así existe un amplio espectro de operación profesional del licenciado en derecho, quien muchas de las veces lo compagina con la academia, dedicándose también a compartir el conocimiento con las nuevas generaciones de estudiantes universitarios y no solo eso además en la participación asociativa entre pares para el intercambio y fortalecimiento profesional. Realmente enriquecedor y multifacético el rol de un abogado. 

La realidad es que existen los abogados de empresa, sindicales, de oficio, mercantilistas,  internacionales, penalistas,  fiscalistas, y una amplia variedad de especializaciones y ámbitos de desempeño profesional, pero hay algo más: El abogado del pueblo. ¿Lo identifica Usted?

Me refiero a las Procuradurías de Justicia y las Comisiones de Derechos Humanos, cuyos titulares o cabezas, orientan su trabajo a la sociedad a la que representan, a través de su labor en defensa de los derechos de los ciudadanos.  

Independientemente del ámbito de realización de un profesional del derecho, la profesión exige preparación constante, estudio permanente y actualización siempre.  Sin embargo, el abogado (a) debe ser un hombre o una mujer consciente, sensible y con el deseo genuino de ayudar como de servir a sus semejantes, empático con la gente que muchas de las veces no tienen por ejemplo los recursos ni los medios para pagarse un juicio o cubrir los honorarios para una asesoría u orientación legal. Eso, además es responsabilidad social,  a la que estamos llamados todos los profesionistas, y no solo los abogados.  

Pero como no podemos obligar a nadie a convertirse en “abogado del pueblo”, a que incluso sin costo se atrevan a llevar una representación jurídica cuando el caso lo amerite, que dicho sea de paso, existen casos donde de verdad se requiere la ayuda y el apoyo, por estar en juego los intereses de menores, familia e incluso la propia supervivencia. 

Como cuando alguien llegó al consultorio en búsqueda de ayuda de un médico y este le dice: “Si no trae dinero, no se preocupe, usted pásele luego vemos como paga, lo importante es que se atienda y cure.” El mandamiento hipocrático que dicta: “…partiré mi fortuna y socorreré a quien lo necesitare….” es el fundamento de tan virtuosa actuación de parte de los profesionales de la medicina. 

Y como comprenderemos,  en las diversas situaciones que envuelven a personas y sus familias, no se pueden dejar a la buena voluntad y generosidad de “buen samaritano”,  el mundo normativo, de la legalidad, del derecho y la justicia, afortunadamente hay una buena noticia. 

De alguna manera, los Procuradores de Justicia (Ahora Fiscales) u Ombudsman, Presidentes (as) de las  Comisiones de Derechos Humanos puede recurrir la ciudadanía en defensa de sus derechos esenciales, quienes ofrecen sin duda el importante papel de Abogados del Pueblo. 

En una sociedad convulsionada, por grandes males del siglo, donde el egoísmo se apodera de los individuos, el materialismo recalcitrante se vuelve moneda de cambio y la cruda realidad de una deshumanización que se expande cada vez más con mayor fuerza, es necesario y urgente hacer un “alto en el camino” y revertir las cosas. 

Y si la carrera de leyes, es una profesión de la rama de las humanidades, no veo porque no podamos convertirnos de vez en cuando, sino es que siempre en Abogado del Pueblo. 

Quiero aprovechar las líneas de esta colaboración para felicitar a toda la comunidad jurídica, colegas operadores del derecho, profesionistas de excelencia que con ética y compromiso social hacen de México un mejor país.  

La Autora es Abogada, Escritora y Activista. Fundadora de Vive Mejor Ciudadano A.C. Miembro de Comité Plural Noreste de México. Recientemente fue nombrada Comisionada de Derechos Humanos para la Zona Norte del país.