Constitución ¿feliz cumpleaños?



Ud. ya debe haber pasado por la experiencia de cuando se le pregunta a algún mexicano de cualquier edad, ¿qué es el 5 de febrero? La primera respuesta de los niños y adolescentes, es que se trata de un día en que no se va a la escuela. Los adultos por su parte contestan que es un día en que no se trabaja.

Si Ud. insiste en el interrogatorio o definitivamente les da la respuesta y queda claro que es el día en que se conmemora la constitución mexicana, seguramente ahí se abra quedado la conversación al querer seguir con los temas de cuáles son las constituciones que se celebran y cuál es la opinión tienen de ella.

Las pocas personas que den una opinión, es muy probable que repitan el cliché oficial de que es “la mejor constitución del mundo”. Otros con actitud crítica, agregarán que eso ha servido de muy poco, porque no se aplica.

La Constitución, conocida también como Carta Magna, es la Ley fundamental o suprema del Estado mexicano, de la cual que se derivan todas las demás leyes. Entre los aspectos más importantes que establece, es la de disponer para México un gobierno republicano, representativo, democrático y federal; defineel régimen de los derechos y libertades de los ciudadanos, también la división de poderes, los límites y controles de cada uno y la organización política. Establece el régimen político (forma de gobierno) y sistema político, dando las bases para la participación y representación política.

Considerando lo anterior, no podemos dejar de preguntarnos y hasta de preocuparnos seriamente, cuando escuchamos decir y ofrecer a varios de los precandidatos que ya están en campaña disputando el poder ejecutivo y los diversos puestos para diputaciones y senadurías, que lo que pretenden no es la alternancia, ni solo cambiar de personas, sino de modificar el régimen político. ¿Esto implicará cambiar la constitución, el modelo económico, el sistema político o qué? ¿Qué es realmente lo que están proponiendo, que en mensajes mediáticos y superficiales, no se alcanza a comprender en toda su trascendencia?

Cierto que las constitución deben ir evolucionando para responder al desarrollo de la situación del país y de los proyectos que se planteen para construir un mejor futuro; pero también se debe reconocer que la magnitud y profundidad de esos cambios al suprimir, corregir o adicionar artículos y capítulos debe tener límites marcados por el nivel y congruencia los de acuerdos y consensos entre las fuerzas políticas que estos cambios reflejen. No debería haber,de manera no explicita diversos proyectos de nación o modelo económicos contradictorios tras los cambios que se realicen en la carta magna.

El simple sentido común nos dice que por más cambios que se realicen en la Carta Magna, estos no podrán por si solo corregir décadas de malas decisiones e insatisfactorios resultados de la clase política. Ni continuidad, ni ruptura, lo que se requiere es algo mucho más complejo y original.

Tenemos el caso de Venezuela que en 1999, bajo el impulso de su “Revolución Bolivariana” promulgó con nuevos legisladores, una nueva constitución para dar base legal al proyecto de nación de Hugo Chávez. Fue publicitada en su momento “como la mejor del mundo”, sin importar cuantos legisladores que la aprobaron y ciudadanos que la aplaudieron, la hubieran leído. Lo importante para sus propagandistas fue su elevación a icono nacional, en forma de “libro azul”, como lo fue el “Libro Rojo” de Mao Tse, en la vieja China Popular.

Se trata de un fenómeno ideológico que no es ajeno a la experiencia mexicana, pues en todos y cada uno de los sexenios se han impreso entre versiones populares y lujosas, millones de ejemplares de nuestra Constitución, repartidos gratuitamente en el sistema educativo, entre la burocracia, en los sindicatos y ciudadanos comunes, sin que la mayoría de mexicanos la haya leído y tenga el conocimiento para describirla y explicarla.

Como sabemos, cada vez que a Chávez no le acomodo esa maravilla de constitución que promulgó, la modifico apoyado en la aplanadora de los legisladores de su partido. Hoy vemos el triste espectáculo de una Venezuela donde chavistas y antichavistas demuelen su nación, ayudados por diplomáticos estadounidenses y hasta mexicanos que opinan y echan más leña a la hoguera. Como siempre, no hay nada hay nuevo bajo el sol.

¿Hará falta una nueva constitución en México? El Dr. Miguel Carbonell, jurista investigador y especialista en el tema opina que la mexicana es una de las constituciones “más reformadas del mundo y también una de las más detallistas y prolijas,… que esta hipertrofiada”, situación agravada con las reformas estructurales. Sin embargo, considera que larga o corta la constitución por ahora no debe de cambiarse porque sigue correspondiendo a la forma del Estado constitucional de derecho que hemos adoptado en México.

El reconocido constitucionalista Jorge Carpizo, opinaba también que no se justifica una nueva constitución, pues aparte del riesgo de retroceso democrático que esto implica, a su juicio no se ha dado una ruptura político social como la que le dio origen, además su estructura fundamental ha sido aceptada mayormente por la sociedad, ha sabido evolucionar y cambiar a través de reformas constitucionales.

No es el caso de la constitución de la ciudad de México, promulgada el 5 de febrero de 2017, que se justifica porque se trata de una nueva entidad federativa, reconocida con ese rango. Aportando además el valor de convertirse en un referente de una visión constitucionalista centrada en los derechos fundamentales más amplios y progresistas de Latinoamérica. 

Salvando las grandes diferencias del caso, la pregunta sobre la mejor constitución me hace recordar la respuesta que el Dalai Lama dio a un cuestionamiento similar sobre cuál era la mejor religión del mundo. Cuando todos esperaban que dijera que era el budismo tibetano, que es la religión que él profesa, su santidad contestó “la que te aproxima más al Universo, al Infinito. Es aquella que te hace mejor” Ante la insistencia de que nos hace mejor, agrego “ la que te hace más comprensivo, más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable, más ético... La religión que consiga hacer eso de ti, es la mejor religión”.

Entonces podríamos suponer que la mejor constitución para México, será la que de base jurídica a políticas públicas, instituciones, programas y presupuestos que permitan acabar con la pobreza, con la desigualdad social, el desempleo, la inseguridad;que devuelva la soberanía alimentaria, energética y en general que garantice un futuro que de confianza en una mejor vida para la mayoría de mexicanos, que hoy ven con disgusto como se despilfarra dinero y descalificaciones entre los contendientes al poder, como si no estuvieran hablando del mismo país, el nuestro y el de nuestros hijos.

Siendo así ¿habrán servido tantos cambios en la constitución y se necesitará ahora una nueva?

 

Por ahora celebremos su cumpleaños 101 nuestra vapuleada y tantas veces ignorada Constitución mexicana.