Comunidad verdadera



Reflexión: “¡Mirad cuán bueno y cuán 

delicioso es habitar 

los hermanos juntos 

en armonía!”.

                                           Salmos 133:1

En la comunión verdadera experimentamos autenticidad. La comunión auténtica no es superficial. Consiste en la expresión genuina, de corazón a corazón, desde lo más íntimo de nuestro ser. 

La intención de Dios es que experimentemos la  vida juntos. En la Biblia esta experiencia comunitaria se conoce como vivir en comunión. En la actualidad, sin embargo, la palabra ha perdido mucho de su significado bíblico.

“Tener comunión se usa para referirse a la conversación espontánea, la socialización, la comida y la diversión. La pegunta: ¿Dónde tienes comunidad”?. Significa: ¿A qué iglesia asistes?.

Afirma: “Quédate después del servicio para un momento de comunión”, quiere decir: “Tendremos un refrigerio”. La verdadera comunión es mucho más que asistir a los servicios dominicales.

Experimentar la vida juntos, consiste en amar desinteresadamente, compartir con corazón sincero, servir en la práctica, hacer sacrificios, consolar y solidarizarse con los que sufren, y todos los demás mandamientos que el Nuevo Testamento nos manda hacer “unos a otros”.

El verdadero compañerismo ocurre cuando la gente es honesta con lo que es y con lo que sucede en su vida. Comparte sus penas, revela sus sentimientos, confiesa sus trabajos, manifiesta sus dudas, reconoce sus temores, admite sus debilidades y pide la ayuda y oración de los demás. 

En la comunión verdadera experimentamos reciprocidad. La reciprocidad es el arte de dar y recibir. Depende de cada uno de nosotros. La Biblia dice que: 

“Dios diseñó nuestros cuerpos como un modelo para que pudiéramos entender nuestras vidas unidas como iglesia: cada parte dependiente de todas las demás partes”. 

La reciprocidad es el corazón de la comunión: la construcción de relaciones recíprocas de compartir responsabilidades y de ayudarse unos a otros.

Pablo dice que desea que nos ayudemos “entre nosotros con la fe que compartimos. Tu fe me ayudará y mi fe te ayudará”. En la comunión verdadera experimentamos compasión.

La compasión no se limita a dar consejos o una ayuda  rápida y cosmética: la compasión es comprender y compartir el dolor de los demás. La compasión dice: “Entiendo lo que le está pasando, y lo que siento no es raro ni es una locura”. 

Con todo aquello relacionado con la comunión, el tamaño importa: cuanto más pequeño, mejor. Con una multitud se puede adorar, pero no se puede tener comunión. Cuando los grupos son superiores a diez personas, algunos dejarán de participar (por lo general las más calladas) y otras ejercerán dominio.

Jesús ministró en el contexto de pequeños grupos de discípulos. Pudo haber elegido a más, pero sabía que doce es prácticamente el tamaño máximo posible para permitir la participación de todos.

Dios ha hecho una promesa increíble con respecto a los pequeños grupos de creyentes: “Porque donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estaré yo en medio de ellos”. Muchas clases de Escuela Dominical y grupos pequeños son superficiales, no tienen idea de lo que es experimentar la comunión genuina. ¿Cuál es la diferencia entre la comunión verdadera y la falsa?

Tú apreciable lector, que me haces el honor de leer esta reflexión, te pregunto ¿no has aceptado a Cristo como perdonador de tus pecados?. Te invito a que en esta hora, cierres tus ojos, y pídele en oración tu salvación divina, Él te perdonará y te enseñará a “Vivir en Comunión, y lo más importante, te dará la vida eterna. 

Dios bendiga ricamente a todos mis lectores.