Campañas de descalificación



Para la definición del voto, los electores tendrán que pensar en una y mil cosas que se han visto en las campañas, pero, sobre todo tener presente un dato, que podría convertirse en la medida básica para determinar el destino del sufragio, si hizo una campaña de descalificación o de construcción.

Faltan 20 días de campaña y creemos que la mayoría de los candidatos pueden cambiar de estrategia, para que el elector pueda identificar lo positivo del proselitismo que llevan a cabo.

En este momento, para cualquier persona es más saber de descalificaciones que de actividades constructivas de los prospectos a los cargos de elección popular, incluso, saben de muchos de ellos que se han pasado el tiempo echándole a los adversarios, en lugar de generar propuestas convincentes.

Además, se ha visto de todo, echar culpas por deficiencias de servicios a los que buscan reelegirse, cuando todo mundo sabe que, por la temporada del año, hay cosas que suceden de manera cíclica, aunque también hay temores ciudadanos en el sentido de que los problemas de abasto de electricidad, por ejemplo, se deben a sabotajes y echar la culpa a los partidos que gobiernan y cuyos candidatos están más fuertes que quienes están de acuerdo en ese tipo de malas acciones. 

Ubiquemos a la perfección cada punto descalificatorio de los candidatos que andan en campaña, de aquí al momento en que, encerrado en la mampara cruce la boleta que los funcionarios de las casillas habrán de entregarle, luego de la revisión de su credencial y comprobar que coincide con los datos que tienen en el listado nominal.

Hay quienes dicen que descalificar a los adversarios les ha permitido crecer y que ese afán les ha resultado contraproducente, porque los catapulta al desgaste y por tanto a mitigar su crecimiento en eso que llaman preferencias ciudadanas.

Como estrategia de campaña, este dato llamado descalificación, que puede tomarse como la medida para definir el voto, tanto del alto porcentaje de indecisos que se han identificado en todas las encuestas realizadas a lo largo del proceso electoral y la gran mayoría que nunca han dicho nada, pero que irá a votar el primer domingo de julio venidero, deberá de concluir a favor de candidatos que usaron sus campañas para propuestas constructivas, que demostraron saber de política y que, no sacaron su lado obsesivo en la política, porque eso los llevó a descalificar y descalificar, al grado que, en sus estrategias de comunicación, suplantaron a personas con ese mismo motivo.

Desde luego, la descalificación se pasea también por los debates y en el tercero de los candidatos presidenciales, hasta se potenció. Fue un todo contra todos, aunque, se significó el de Ricardo Anaya Cortés del PAN, contra Andrés López Obrador, en una intentona más de lograr que baje en las preferencias, que según las mediciones de opinión realizadas por empresas encuestadoras, el tabasqueño mantiene desde hace meses.

A unos días de la elección, hay que insistir en la importancia ciudadana para que, en un ejercicio familiar o de amigos, se trate de limpiar de adjetivos o calificativos las campañas de cualquier candidato, para tratar de encontrar las propuestas y la postura de los que buscan el voto, ante las demandas planteadas por los ciudadanos.

Obvio, no es nada sencillo, porque la ventaja que tiene el político izquierdista tabasqueño se ha arraigado en muchos mexicanos, dado que, tiene más de 10 años en campaña, pero de descalificación contra todo lo que huela a gobierno y a sus actores, sin importarle de qué colores se trate o de quiénes sean los protagonistas de la política.

Muchos creen que López Obrador, es el Presidente de la República que la nación merece, el asunto es que debe de pensarse muy bien el voto, porque no todo lo que brilla es oro y tantas promesas se convertirán en eso, promesas que jamás se cumplirán.

En el mismo debate, cada candidato dibujó un México de ensueño a partir de que lleguen a la Presidencia de la República, de ahí que, hubo quienes pensaron que cualquiera que gane es bueno, obvio, sí es a simple vista, porque hay de ocurrencias a propuestas que pueden mejorar la calidad de vida de los mexicanos, sobre todo aquellas que tienen que ver con la educación, la creación de fuentes de empleo y mejorar la atención de la salud.

Una cosa más que se criticó desde la perspectiva ciudadana, fue el triunfalismo con que todos los candidatos hablaron, de manera que la Presidencia de la República, no alcanzará para albergar a los cuatro, aunque el Palacio Nacional y la Residencia Oficial de Los Pinos, sean edificaciones muy grandes donde caben todos.

Tampoco gustó a muchos el hecho de que, los cuatro debatientes de la candidatura presidencial, hayan dicho que ganaron el debate y que, sus colaboradores se hayan dedicado desde el minuto siguiente de la terminación del ejercicio de confrontación de ideas, a generar información y opiniones sobre el triunfo de aquellos con los que colaboran.

Un último comentario respecto a los debates, es que la fiebre por ellos solo se dio en torno a la candidatura presidencial porque, ya que por el resto de las posiciones electorales que se disputan en las votaciones del próximo primero de julio, a todo mundo pasó de noche aquellos que hubo entre los que buscan ser Senadores, Diputados Federales o Presidentes Municipales.

Incluso, en Tamaulipas, el de los candidatos a Senadores, ni siquiera se llevó a cabo, pese a la invitación que formuló la Junta Local Ejecutiva del INE que tiene a su cargo Eduardo Trujillo, aunque fue recibida en tiempo, a la hora de la hora, se quedaron los podios y sus micrófonos sin que nadie los usara.

Respecto a los debates entre candidatos a las alcaldías, los únicos que se gancharon fueron los de Reynosa y Río Bravo, pero con resultados que dejan mucho qué desear, porque los organizadores no lograron captar la atención de la ciudadanía.

El Instituto Electoral de Tamaulipas que tiene a su cargo el consejero Miguel Ángel Chávez García, cumplió con la parte que le correspondió, en cuanto a facilitar las cosas a través de la Comisión Especial que dirige la consejera Tania Contreras López, pero, hasta ahí.