Bullying institucional
Por: Mario Vargas Suárez | 2017-11-15 04:46:26

La moda es implacable en distintos contextos, desde el vestido, el corte de pelo, tipo de alimentos, lugares para vacacionar o de residencia, carreras y escuelas, música, deportes, etc. La forma de hablar y hasta el tono tienen también moda.

En los últimos tiempos el bullying se conceptualizó como el acoso escolar, que en otros tiempos fue conocido como el hostigamiento, el matoneo, el maltrato -en inglés bullying-. De cualquiera de sus formas, se relacionó directamente con la escuela.

En otros tiempos se decía “…lo traen de encargo… lo agarraron de su ‘puerquito’… lo traen ‘azorrillado’… ‘se la bañan’…” etc.

En todo caso se entendía que a ese alumno o grupo de ellos, los acosaban otros alumnos o el mismo profesor en forma sistemática, al grado que se sabe de intentos de suicidio, suicidios y hasta homicidios por esta causa.

En los Estados Unidos se acusó a las cofradías estudiantiles del Hill School o de las universidades de la práctica sistemática del bullying. En nuestro país no hubo tales excesos.

En los últimos tiempos la palabra bullying apareció con mucho ahínco, de tal suerte que después de haber nacido en el contexto escolar, el término se hizo frecuente en distintos ámbitos.

La novedad última es que el presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018) hizo alusión al bullying que los mexicanos estamos haciendo de las instituciones dedicadas a la seguridad pública, aun cuando aceptó que los resultados obtenidos a su política en ese campo no ha tenido resultados halagüeños.

El escenario de la recriminación presidencial fue el ‘VI Foro Nacional Sumemos Causas’ llevado a cabo en el Castillo de Chapultepec y convocado por la Organización Causa Común, fundada por la activista María Elena Morera.

El presidente Peña Nieto lamentó que “…la violencia se ha vuelto algo cotidiano en varios puntos del país… el enfrentamiento entre integrantes de grupos armados es un escenario de todos los días…” Ojo, no solo en varios puntos, aclaró que en todo México.

La insistencia presidencial radicó en “…las cosas positivas en el ámbito de la seguridad, así como en otras áreas…”Sin embargo reconoció “…los recortes presupuestales han afectado programas como el crecimiento de la Gendarmería…” aunque recriminó a “…los críticos que nunca lo reconocen y, al contrario, le hacen “bullying” a las instituciones.”

Dijo el de Atlacomulco: “Lamentablemente a veces se escuchan más las voces que vienen de la propia sociedad civil, que condenan, que critican, y que hacen bullying del trabajo de las instituciones del Estado. Y perdón que lo diga, pero queremos actuación responsable de las instituciones a las que todos los días pretendemos desmoronar y descalificar, como ocurre con los integrantes de las corporaciones policiacas”.

Desconozco si el presidente Peña Nieto cuenta con un asesor en esta materia, pero nadie puede estar contento y menos quedarse callado -sobre todo en redes sociales- si la población tiene miedo, si los ciudadanos no se sienten seguros.

En otros tiempos la delincuencia organizada estaba presente en ciudades específicas de la frontera norte de este México nuestro, señalando solo a los narcotraficantes. El problema de la inseguridad ahora sella varios pábulos y hasta el delito original es el menos importante para el mexicano de todo el país.

María Morera de la Organización Causa Común, no consideró la retórica presidencial de Enrique Peña, cuando criticó que “…el tema de la inseguridad sea tomado como ‘bandera política’ por legisladores y partidos…” por lo que condenó el hecho de los tres niveles de gobierno no hayan podido alcanzar los resultados prometidos.

Parece mentira que pese a reconocer los índices de inseguridad en el país, ahora el ejecutivo federal, prácticamente se moleste, se ofenda porque la población afectada no ‘ve’ el esfuerzo institucional.

A mi mente obtusa llegó la imagen del universitario que nunca estuvo en clase y al final del semestre se presenta al examen porque “tuve problemas que me impedían venir a la escuela…” y el profesor es acusado de que no entiende la problemática del estudiante, cuando no permite ese ‘derecho’.