Batalla Campal



 

      Si bien es cierto el gobierno del Presidente López Obrador ha marcado un rumbo claro contra la corrupción y  el neoliberalismo, lo cierto es que cada día hay más divergencias entre él y miembros de su gabinete. Es claro que algo no está funcionando con eficiencia y claridad dentro de la administración. Declaraciones como la de volver la tenencia, el crecimiento económico o la falta de recursos para la nueva refinería por parte de la SHCP y que después sale el Presidente a desmentir, así también como los índices de inseguridad que no cuadran entre la información de la Presidencia y las dependencias que los publican, han sido capitalizados por los detractores del gobierno para iniciar una campaña de descrédito basada en que el gobierno está hecho bolas, que no saben gobernar y hasta han llegado a dudar de la salud mental del mismo Presidente. 

      Lo cierto es que ya se filtró una serie de diferencias entre el Presidente y algunos de sus colaboradores, entre ellos Jiménez Espriú, Secretario de Comunicaciones quien señaló que no había actos de corrupción en el NAIM y luego el Presidente lo descalificó. Se dice que incluso Jiménez ya habría presentado su renuncia y al igual que la de Ebrard no habían sido aceptadas por el Presidente. No son los únicos, el pasado viernes el subsecretario de Turismo Santiago Levi hizo pública su renuncia. Ya se venía manejando diferencias con el Secretario mismo y sobre todo debió ser un golpe decisivo para él la cancelación de recursos para la promoción turística. Pasando esos recursos al tren Maya, cosa que parece incoherente cuando el turismo es la cuarta entrada de divisas extranjeras más importante. 

      Esto obliga a muchos a preguntarse; ¿A quién escucha el presidente? Porque es evidente que la declaraciones divergentes apuntan a una falta de comunicación en las primeras filas del gobierno. Si el Presidente no escucha al Secretario de Hacienda, ni escucha a otros colaboradores, entonces de dónde se nutre de información. Luego vienen los manejos oscuros desde secretarías que hacen mucho ruido y cascan pocas nueces como SENER, dónde está a punto de estallar un nuevo escándalo que señalaría directamente al esposo de la secretaria. Al parecer se hizo a un lado a una empresa alemana interesada en la construcción de la nueva refinería que no solo costaría menos, sino además su eficiencia para procesar el crudo Maya la ponía por delante de todas las demás. ¿Por qué no se le dio cabida a esta compañía? ¿Por qué no la invitaron a la licitación, cuando ya se habían reunido con gente de Pemex y de la misma SENER? Se dice que ya hay arreglos de esos pagados en euros o dólares. Pero de estas cosas tampoco se entera el Presidente. 

      Tenemos un Presidente con un alto sentido de la honestidad, que de verdad comulga empatía con el pueblo mexicano. Tenemos, por primera vez en muchos años, un gobierno legitimado con el voto popular que no solo le dio la Presidencia, sino además ambas cámaras. Por eso causa frustración que los colaboradores de primer nivel no estén a la altura de las responsabilidades que el pueblo les otorgó. No puede ser que se raye en tanta ineficiencia, no puede ser que se le desinforme al Presidente y luego éste sea expuesto vulnerablemente a señalamientos como los de Jorge Ramos.

       No puede ser que quienes tienen la confianza del Presidente, entiéndase a quienes él escucha, no le den los consejos y advertencias correctas. Quizá, puede ser que no tienen experiencia administrativa. Puede ser que como muchos de sus colaboradores sean simplemente docentes y catedráticos sin la más mínima experiencia administrativa. Quizá por eso esta administración está hundida en una guerra campal alimentada por mucha grilla y poca administración. 

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