Ana y las madres
Por: Benito García Islas | 2018-05-13 03:25:22

Reflexión: “¡Oh Jehová, Señor nuestro. 

                    Cuán grande es tu nombre 

en toda la tierra!”.

Salmos 8:9

Al gozar de las maravillas que Dios por su misericordia me ha dado en mi existencia, lo único que puedo decir, es glorificar su nombre por todas las bendiciones recibidas.

Y aún más, me dio la dicha de nacer en el seno de una familia, con una madre abnegada, que se entregó plenamente al bienestar de sus hijos, su amor por nosotros, fue tan grande, que sus hechos superan la dimensión de sus cuidados. 

En la Biblia hay ejemplos de mujeres, que se esmeraron por el bienestar de sus hijos, Jocabed esperó hasta que su nene, Moisés, tuviera tres meses antes de obedecer la orden del Faraón de arrojarlo al Nilo. 

Finalmente lo hizo, pero colocándolo en una cesta flotante. Gracias a la fe y el ingenio de su madre, Moisés fue hallado por la hija del Faraón.

Que lo crió y lo educó en la casa de éste. Más tarde Moisés liberó a su pueblo del yugo egipcio y lo condujo a la Tierra Prometida (Éxodo 1:22–2:10).

Ana, una mujer estéril prometió a Dios que si le daba un niño, lo dedicaría a Su servicio. Dios respondió su oración, y Ana se convirtió en madre del profeta Samuel (1 Samuel 1).

 En ellas vemos su heroísmo y valentía para defender la integridad de sus hijos y algunos de su pueblo, hoy en día hay muchos ejemplos de madres amorosas que están dispuestas a ofrendar su vida, en defensa de sus hijos. 

En el mundo en que vivimos, el arma poderosa, de una madre angustiada, implora a Dios, por el cuidado de sus hijos, su fe es escuchada por Dios, y por su misericordia responde la oración de la madre angustiada.

Para nosotros los cristianos, la oración de una madre es sublime y sincera, lejos de egoísmos mal entendidos, cumple el segundo mandamiento de Cristo, cuando ordena: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 

En la madre hay amor, y hay ternura, comprende que Dios instituyó la familia, y él responde a las oraciones de una mujer entregada  a Dios, cuando pide que interceda para que no se destruya el matrimonio. 

Él dice en su palabra, “Lo que Dios une que no lo destruya el hombre”. El amor debe estar presente en cada hogar, porque “Dios es amor…y donde está Dios no falta nada. 

Dios bendiga ricamente a todos mis lectores. Para las madrecitas que me leen, toda mi admiración y todo mi cariño, que el 10 de mayo haya sido de dicha y felicidad por siempre.