2018-2024
Por: Abel Oseguera | 2018-07-08 23:38:41

 

      El triunfo de Andrés Manuel López Obrador fue aplastante, el maremoto marrón pasó sobre el territorio nacional con una intensidad por nadie esperada. La realidad superó la ficción, ni los Lopezobradoristas se esperaban tal embate. Los ataques contra el candidato y sobre todo las calumnias y agresiones contra sus acérrimos defensores de nada sirvieron para apaciguar el ánimo de triunfo.  

       En esta elección habló el pueblo y habló claramente, sin rodeos ni atajos; el pueblo exige un cambio de régimen. No un cambio de partido como ocurrió con Fox, no un cambio de personajes en el poder, sino un cambio en la moral misma del gobierno y en el ejercicio de la justicia social. El pueblo tuvo la oportunidad de expresarse democráticamente, quiere un México en paz y sobre todo un México de oportunidades para todos. 30 años de neoliberalismo ya fueron suficiente, la pobreza manada de sus políticas económicas solo abonaron prosperidad a unos cuantos y a las corporaciones extranjeras. El pueblo quiere que se vuelva la vista a la clase media, a los pobres, a los obreros, a los campesinos. El voto mayoritario fue para volver la vista a los productores mexicanos y rescatar nuestra soberanía energética y alimentaria. El voto del pueblo es para devolver al gobierno la confianza de actuar como defensor de los pequeños negocios familiares y luchar por elevar el poder adquisitivo de los trabajadores.

       Por eso el gobierno de AMLO deberá estar a la altura de las circunstancias, ser maduro, integro, honesto pero sobre todo eficiente. Definir con antelación el éxito del próximo gobierno es prematuro e irresponsable. López Obrador se caracterizó, cuando fue Jefe de Gobierno del DF, por ser un político ágil, inteligente, audaz, sobrio, austero y muy eficiente. Llevó a cabo programas y obras que todos consideraban imposibles, sin embargo hoy el reto es por mucho, mayor y más complejo. Equilibrar las fuerzas fácticas de poder y gobernar con certidumbre serán retos enormes. En lo internacional le ayuda mucho que el Presidente de EU sea Donald Trump, quien tras un año de gobierno ha demostrado ser nada intervencionista, a diferencia de su predecesor, quien intervino en Honduras, Venezuela, Bolivia, Argentina y sobre todo en Brasil. 

       Qué tipo de izquierda gobernará es difícil precisar. En México la izquierda no es un bloque uniforme y definido. Tenemos la izquierda pragmática, la dogmática, la revolucionaria, la rebelde, la anárquica, la progresista, la social democrática, la comunista, la liberal y hasta un conjunto que aglutina varias versiones. Todas estas corrientes estuvieron cerrando filas en común en favor de AMLO durante la campaña. Luego vinieron las sumas extrañas, como la coalición con el PES y el llamado a muchos duros colaboradores de gobiernos panistas y priistas. Esta amalgama de nombres e ideas generaron ese maremoto marrón, pero al mismo tiempo sembró la duda del tipo de gobierno que se iba a ejercer. 

      Esa duda se dispersará tan pronto asuma el gobierno Andrés Manuel. Sin embargo en algunas ocasiones en el pasado, el futuro Presidente ha expuesto que le gustaban los gobiernos de los Adolfos; Ruiz Cortines y López Mateos. Gobiernos con estricto gasto gubernamental, de la mano de responsabilidad fiscal y con sentido social. 

      Por eso creo firmemente que López Obrador ejercerá un gobierno de centro, mantendrá la disciplina fiscal y evitará el despilfarro gubernamental. Pero quizá eso no sea suficiente para lograr la justicia social. Para ello deberá ir más allá y consolidar una fuerte dirección de competencia. Deberá valorar la balanza comercial y por fuerza deberá bajar la cortina de las importaciones orientales. 

       Para que los trabajadores puedan elevar su calidad de vida deberán ganar más, para ganar más deberán apuntalarse las empresas familiares, la pequeña y mediana industria mexicana, esa que está en vías de extinción por los productos que se importan sin aranceles. 

      Cambiar a México para mejor requiere de medidas que molestaran a muchos grandes corporativos internacionales. Para ganar justicia social México debe privilegiar a los productores nacionales. Algunos lo llaman proteccionismo, así es, y le funcionó en lo económico a Franklin D. Roosevelt y hasta a Hitler en Alemania. Le funcionó en su momento a Japón, Corea del Sur y Malasia. 

       Suena a nacionalismo y así es, suena mal para muchos que fueron formados bajo las teorías neoliberales, pero funcionó en el pasado, así como no funciona el libre comercio en el presente. 

        Una cosa si es segura, muy segura, López Obrador es un hombre de convicciones y muy valiente. Su carrera a lo largo de los años así lo avala. No esperen un Presidente débil y timorato, tampoco una chiva loca e inestable. López Obrador tiene todo para ser un gran Presidente. Todos esperamos así lo sea por el bien de México. 

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