11 de Septiembre, ¿Qué Aprendimos?
Por: Gerardo Flores Sánchez | 2018-09-11 03:32:03



Hoy 11 de septiembre, es aniversario de dos hechos históricos que marcaron épocas con drásticos cambios en las formas de arribar y ejercer al poder, en los fines de las políticas públicas y en la reacción de la sociedad civil: el primero en América Latina, y el segundo en el mundo.

Si pudiéramos identificar las emociones que resumen el efecto en la sociedad, de los dos acontecimientos podríamos decir que son las del miedo, el odio, el resentimiento y la desilusión en la democracia; pero al mismo tiempo están el deseo intenso y la esperanza de recuperar la paz, la legalidad y la reconciliación social.

Los dos sucesos tienen algunos rasgos comunes que los ligan: como son, que ninguno de ellos se tomó en cuenta las reales necesidades y voluntad de la población; que se rompió la confianza en la democracia como forma política de resolver diferencias de concepción sobre proyectos de sociedad; que inauguraron tiempos de violencia militar, terror y atropello de los derechos humanos fundamentales; y que tuvieron en su origen y repercusiones, fuertes determinantes económicos resultantes de ajustes en el nuevo orden mundial.

Nos referimos primero, al golpe de Estado que hace 45 años (1973), propinó en Chile el general Augusto Pinochet en contra el gobierno democráticamente elegido del Dr. Salvador Allende Gossens.

El segundo hecho al que aludimos, es el del atentado terrorista que hace 17 años (2001) ejecutó Osama Bin Laden en contra el World Trade Center y el Pentágonode EEUU.

 

Ambos acontecimientos, de un manotazo, hicieron a un lado el trabajo que se estaba realizando para superar el subdesarrollo económico, la pobreza, la enfermedad, el rezago educativo y la exclusión de grupos sociales marginados.  Antes del 11 de septiembre del 2001, el Consejo de Seguridad de la ONU había declarado el SIDA era una amenaza para la seguridad mundial y por lo tanto exhortaba a todas las naciones a sumar esfuerzos y recursos para derrotar a esa pandemia.  A partir del ataque  de Bin Laden a EEUU, se escuchó en el mundo una sola consigna: guerra total y sin cuartel contra el terrorismo. 

El derrumbe de las Torres en general abrió una época de resolución militar de las controversias (del ojo por ojo), de intolerancia religiosa y de la reactivación  de la política exterior militarista agresiva por parte de esta superpotencia, que sin concesión alguna se enfocó en el fortalecimiento y consolidación  de su dominio y control estratégico mundial.

 

El atentado del 11 de septiembre, dio la justificación perfecta al presidente George Bush, para acotar al interior de su país las libertades democráticas e imponer medidas autoritarias; y al mismo tiempo para desplegar al exterior una guerra antiterrorista desaforada con dos prioridades políticas y estrechamente interrelacionadas: hegemonía militar y control de las regiones productoras de petróleo.

 

Hoy EEUU con Donald Trump y su política supremacista, antiinmigrante, militarista, intolerante a las libertades y derechos humanos de las minorías étnicas y religiosas, es un capítulo más de la guerra antiterrorista iniciada a partir del 11 de septiembre de 2001. No aprendieron las lecciones, pese a que su horizonte económico y social, con todo y su poderío militar, sigue en un declive paulatino que amenaza con arrastrar al resto del mundo.  

En Chile de 1973, con su presidente Allende iniciaba transformaciones estructurales para sacar a su país de la profunda crisis económica en que se encontraba y para recuperar la soberanía sobre sus recursos naturales tales, en este caso el cobre. La participación de sindicatos y organizaciones de la sociedad civil en torno a la Unidad Popular, estaba en su punto culminante para adoptar una forma de democracia social y participativa.  

Documentos desclasificados de la Casa Blanca publicados en 2009 revelaron la injerencia de Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, apoyaron y financiaron a los grupos opositores, hasta culminar con la acción planificada con militares encabezados por Augusto Pinochet, comandante en jefe del Ejército contra el gobierno de Allende: atacó el Palacio de la Moneda, “suicidio” al Presidente Allende, disolvió los partidos políticos y suprimió el Congreso Nacional. Lo que sucedió después fue una de las campañas más violentas y masivas de atropello de los derechos humanos ocurridas en la historia de América Latina. Paradójicamente con el gobierno de Pinochet los indicadores macroeconómicos de Chile alcanzaron niveles de bonanza tales que se pusieron de ejemplo para el resto de países del Continente. Así con el golpe de estado, las privatizaciones generalizadas y la supresión de libertades fundamentales, inició en América Latina y en el mundo el experimento neoliberal impulsado por Margaret Thatcher y  Ronald Reagan.  

Tuvieron que pasar 15 años, para que un plebiscito en 1988, pusiera oficialmente fin a esa página negra de la historia de la democracia en Latinoamérica. Hoy Chile es el ejemplo de cómo una sociedad politizada, organizada y aún con sectores sociales enfrentados, puede encontrar caminos pacíficos y legales para el desarrollo económico social. Las heridas sociales aún no sanan; pero la lección está bien aprendida, las dictaduras siempre empiezan o terminan violando los derechos humanos.